Entras a una librería y en la mesa de novedades ves un pequeño libro. La portada no te llama la atención, lo que lo hace es el título -el afinador de habitaciones- pero sobre todo una faja negra que dice:
Una explosiva bomba entre la alta cultura y la delincuencia. De cómo perdemos la vida por gentileza. Considero un acto de justicia poética advertir de la subversiva valía de Celso Castro. Enrique Vila-Matas.
Entonces lo coges, lo palpas y lo abres. Sólo ves minúsculas. Pasas las hojas en abanico y, efectivamente, todo el libro está escrito en minúsculas. Abres la solapa y en la foto el autor te mira fijamente. Lo cierras. Miras al resto de libros que hay en la mesa. Libros normales y corrientes, con mayúsculas, con fajas de 5.000 libros vendidos. Vuelves a mirar el que tienes en las manos y sabes que se irá contigo porque no puedes olvidar que la vida se pierde por gentileza.
Estás en casa, abres el libro y lo hueles. Te acomodas, lo empiezas. Cuando levantas la cabeza de sus hojas te das cuenta del silencio en el que está sumida la habitación, pero dentro, en tu cabeza, tienes palabras que no paran de decirte cosas como esta:
(...) mi pobre abuela, como un diminuto animalito, como un insecto de alas desproporcionadas, siempre debatiéndose en esos pegajosos recuerdos -lo más importante no está en las notas- eso es lo que decía mahler, y tenía razón. bueno, mahler decía -lo más importante- y es una lástima, una verdadera lástima, y lo cierto es que una mala dicción, incorrecta, puede arruinarte el más hermosos y profundo de los pensamientos. (...)
(...) quizá las habitaciones no estuviesen afinadas... no sé, que me había dado la impresión de que, en realidad, éramos nosotros los que estábamos afinados. y que hiciese el favor de comprobarlo, o de transmitírselo a ilich para que considerase esta posibilidad -e incluso la posibilidad de alguna especie de afinación universal- que explicaría, en mi opinión, las simpatías o antipatías hacia determinadas personas y, en general nuestra mayor o menor capacidad empática, nuestra afinidad social. y que, de confirmarse esta hipótesis, abriría insospechados campos de investigación, todo un mundo nuevo y, lo que es más importante, una nueva forma de estar en ese mundo, que haría imprescindible el conocimiento exacto de nuestra afinación, igual que ahora conocemos nuestro grupo sanguíneo o a qué sustancia somos alérgicos. y así, al presentarnos ante los demás, diríamos nuestro nombre, apellidos -si son relevantes- y afinación, evitando situaciones enojosas -molestísimas disonancias- (..)
Miras por la ventana, te enciendes un cigarro y sonríes. ¡Qué placer!

el afinador de habitaciones, de Celso Castro, ed. Libros del Silencio, 2010
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