miércoles, 31 de enero de 2007

Filmoteca-Cine Doré: Robert Altman, cine coreano...

Para los que les interese el cine de Robert Altman deciros que en febrero hay un pequeño ciclo en la Filmoteca Española-Cine Doré de Madrid con algunas de sus películas:

Nashville, 1975. Int.: Karen Black, Geraldine Chaplin, Keith Carradine. 145'

PrÊt-à-porter, 1994. Int.: Sophia Loren, Marcello Mastroianni,

Julia Roberts. 133'


Kansas City, 1995. Int.: Jennifer Jason Leigh, Miranda Richardson, Harry Belafonte. 116'

The Gingerbread Man (Conflicto de intereses), 1996. Int.: Kenneth Branagh, Embeth Davidtz, Robert Downey Jr. 114'

Gosford Park, 2001. Int.: Michael Gambon, Clive Owen,
Helen Mirren. 137'

The Company, 2002. Int.: Neve Campbell, James Franco,
Malcolm McDowell. 114'

Y bueno, si echáis un vistazo al programa de febrero, veréis que como siempre hay otros peliculones dignos de ver durante todo el mes, incluido un ciclo de cine coreano con algunas películas de Kim-Ki-Duk no estrenadas en España. Hala, el que tenga tiempo, a disfrutar.

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jueves, 25 de enero de 2007

La Cabra.

Como todo el mundo sabe, en la cartelera suele haber obras de teatro alternativas que dan un toque de sofisticación y moderneo a nuestra vida. Lo que no abunda, sin embargo, son obras sobre lo alternativo. A excepción de La Cabra, el nuevo montaje de José María Pou. Premio Nacional de Teatro, ni más ni menos. Hace un rato que la hemos visto en el Teatro Bellas Artes de Madrid y, como este tipo de cosas quedan muy bien en un blog, me ha parecido interesante apuntar algunas reflexiones. Espero que no me venza el sueño.

La obra comienza con una metáfora un poco chunga. Una mujer coloca flores en un jarrón; todas son rojas menos la que tiene en la mano, que es blanca. La mujer la mira, lo piensa durante un par de segundos y luego, convencida, sustituye la flor blanca por otra roja. Igualita a las demás. La insignificante anécdota anticipa los contenidos de La Cabra. Como ya os dije antes, José María Pou ha hecho una obra sobre lo alternativo. Sobre flores blancas en ramos de flores rojas. Es un tema tan obvio y adolescente que sólo de pensarlo da repelús, pero en La Cabra no resulta tópico ni pretencioso. ¿Y por qué? Porque en lugar de tomárselo en serio, en lugar de ser sutil, José María Pou ha optado por la exageración.

En este mundo se puede ser diferente siendo gay, votando a la izquierda o escuchando a Micah P. Hinson, pero no nos engañemos: en el fondo es más de lo mismo. La sociedad está tan preparada para asimilar este nivel de diferencia que retratarlo sería absolutamente inofensivo. Hay que subir un nivel, tocar un poco más las pelotas, romper más esquemas. Hay que exagerar, vamos. Hay que ser Borat o hacerse caca encima, leer al Capitán Alatriste o declararse fan de Operación Triunfo. Sólo así se plantea el verdadero debate: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a admitir la diferencia? ¿Hasta dónde nos va a permitir nuestra moral encajar una opción distinta a la nuestra? ¿De verdad se puede ser abierto de mente?

El montaje de José María Pou plantea todas estas cuestiones con elegancia, ritmo y muy buen humor. Es una obra trascendente pero facilísima de ver; te ríes, te acojonas y, a veces, te quedas con cara de culo. O sea, que te merece la pena pagar los doce eurillos que cuesta. Sólo tengo que ponerle dos pegas: que el último acto no está a la altura y que el personaje del hijo estaba mal interpretado. Más allá de esto, creo que la aventura merece la pena. Pero si aun así queda alguien que no tiene ganas de sentarse en el gallinero, como hemos hecho nosotros, que no se preocupe: aquí está Sindrogámico para contarle lo más interesante. Y lo más interesante es que debemos hacernos esta pregunta con honestidad: ¿cómo de blanca estamos dispuestos a aceptar que sea la flor?


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lunes, 22 de enero de 2007

Plataforma. Michel Houellebecq. Reflexiones en torno al SEXO.

¡Dios mío! ¡Llevamos más de cien entradas en Sindrogámico y todavía no hemos discutido de sexo! ¿Qué es esto? Definitivamente, en este blog somos demasiado intelectuales. Por suerte para todos, hay veces que la cultura y los polvos se mezclan y salen cosas como Plataforma (2001), de Houellebecq. Acabo de leerlo y es probable que mañana lo olvide, así que me ha parecido oportuno compartir algunas impresiones con vosotros. Y nada de ponernos serios, ¿eh? De lo que se trata aquí es de discutir sobre sexo. La novelita pretende ser algo así como el definitivo retrato de la vida sexual en Occidente. Houellebecq, que padece ínfulas de sociólogo, traza un panorama sobre el placer de los europeos. O sobre el turismo, que según parece es nuestro único modo de divertirnos. Repleto de oportunismo y de afán provocador, de vez en cuando aprovecha para soltar perlas como que “el Islam sólo podía nacer en un estúpido desierto, entre beduinos mugrientos que no tenían otra cosa que hacer, con perdón, que dar por culo a sus camellos”. Pero básicamente, como os digo, opina sobre el sexo. He seleccionado un párrafo que me ha parecido digno de debate. A ver si se os ocurre algo que añadir.


"Lo que los occidentales ya no saben hacer es precisamente eso: ofrecer su cuerpo como objeto agradable, dar placer de manera gratuita. Han perdido por completo el sentido de la entrega. Por mucho que se esfuercen, no consiguen que el sexo sea algo natural. No sólo se avergüenzan de su propio cuerpo, que no está a la altura de las exigencias del porno, sino que, por los mismos motivos, no sienten la menor atracción hacia el cuerpo de los demás. Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación sentimental y la obsesión sexual tienen el mimso origen, las dos proceden del olvido parcial de uno mismo; no es un terreno en el que podamos realizarnos sin perdernos. Nos hemos vuelto fríos, racionales, extremadamente conscientes de nuestra existencia individual y de nuestros derechos; ante todo, queremos evitar la alienación y la dependencia; para colmo estamos obsesionados con la salud y con la higiene: esas no son las condiciones ideales para hacer el amor. En occidente hemos llegado a un punto en que la profesionalización de la sexualidad se ha vuelto inevitable. […] El sadomaso organizado, con sus reglas, sólo le interesa a la gente culta, cerebral, que ha perdido cualquier atracción por el sexo. Para todos los demás sólo queda una solución: los productos porno, con profesionales; y si uno quiere sexo de verdad, los países del Tercer Mundo."








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Se necesita redactor que sepa leer y escribir

Unos de mis quehaceres preferidos domingo-mañaneros es leer los anuncios de ofertas de empleo. No es que busque cambiar de trabajo, pero siempre me gusta estar al día. Y es que leer esta sección te da una idea mucho más clara de cómo va el país que ver debate del Estado de la Nación, ¿no os parece?

Es así como te das cuenta de que vivimos en un país en el que los que más titulares tienen son los profesionales inmobiliarios y los ejecutivos comerciales. También te das cuenta de que el inglés es muy importante y que sin él nunca podrás llegar a ser un visual merchandiser o un proyect manager. También hay gente que lo debe pasar realmente mal, como el jefe de turno, y otros, como el agente de reserva de vacaciones, que se llevan el dinero por que les hagas tú el trabajo...

Nada nuevo. Pero en esta época en la que vivimos, todavía hay cosas que te sorprenden y que no sabes cómo tomártelas. No sabes si es que hay gente que no se entera, si te están tomando el pelo o es que realmentte la cosa está muy, pero que muy mal. El caso es que te encuentras con cosas como esta:


AGENCIA DE PUBLICIDAD
busca
REDACTOR
Imprescindible saber leer y escribir

Sí, este nuestro país parece que va, pero luego te sale con unas... No, la cosa no esá bien. Leyendo esta sección de ofertas de empleo tomas conciencia de la indiferencia que reina en nuestros días, de que puede estar viviendo en una ciudad durante años y nadie percibir que existes, de que te acercas a una ventanilla y nadie te dice hola, sino que te dan un papelito con un mísero número, de que no eres tú, sino una mujer, un estudiante, un trabajador, un consumidor, un cliente, un votante, pero nadie te llama por tu nombre. Y si no, fijaos en este anuncio:


POR APERTURA DE
NUEVO DEPARTAMENTO
seleccionamos
11 HOMBRES
3 MUJERES
Interesados presentarse el lunes 22 de
10 a 13 y de 16 a 20 horas
Preguntar por el jefe de personal


Qué impersonal, ¿verdad? Sólo nos salva nuestra imaginación... Pero soñar no sirve de nada. Yo siempre quise sera actriz, de una manera que no me costase ningún esfuerzo, claro. Por eso una de las historias favoritas que más me gusta imaginar, a parte de ser cantante de un grupo, es que me presento a un castig y un director famoso me "descubre" y me lanza al estrellato, entonces me convierto en una celebridad internacional, rodeada de glamour, yendo a fiestas, vistiendo elegantes vestidos... Por eso miro muy detenidamente en la sección de ofertas de trabajo si buscan gente para algún casting. Pero, como os decía, se trata de sueños, la realidad lo único que ofrece es esto:


BUSCAMOS
HOMBRES Y MUJERES
Entre 18 y 35 años (españoles)
con problemas de caspa, para
testimonio en anuncio de
televisión a rodar en París
Llamar los días laborables
para prueba de casting a
realizar los días 23, 24 y 25
de enero


Deprime a cualquiera, ¿no? Pero después de todo, te das cuenta de que al fin y al cabo hay gente valiosa. Gente que trabaja para levantar el país y para hacernos la vida más agradable. Son aquellas persona anónimas, que pasan desapercibidas, que la historia nunca reconocerá, pero que sin ellos los pequeños placeres de la vida no serían igual. Es el caso siguiente:

FIGUERAS INTERNACIONAL SEATING, S.L.
Líde en el mercado
PRECISA
DIRECTOR EJECUTIVO DE VENTAS
DE BUTACAS PARA CINE
Perfil: Gran conocedor de este mercado
y de su idiosincracia



En fin, retrato de un país en anuncios por palabras.


Fuente: Suplemento semanal Economía del diario El País, 21 de enero de 2007.

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sábado, 20 de enero de 2007

María Antonieta

María Antonieta no es, ni de coña, una película moderna. Tan sólo una peli de época más. Los vestidos son bonitos y está rodada en Versalles. Punto. Sólo tiene dos cosas transgresoras: unas Converse que salen durante medio segundo y la música. De las zapatillas, claro, no voy a hablar. Es un poco idiota pensar que algo tan ridículo y anecdótico condiciona el espíritu de toda la cinta. Hablemos, pues, de la música.

Sofía Coppola ha filmado una historia de hace dos siglos con canciones de hace dos días. En la película suenan Strokes, The Cure y New Order, por citar sólo algunos de los que yo, que aspiro a ser muy molón, reconocí. La pregunta es: ¿tenemos que pensar que sólo por eso ya hay un discurso moderno? A mí, la verdad, me parece que no. Soy de los que piensan que la banda sonora es un complemento, una pátina, en toda película que no sea un musical. Si un director basa su narración en el trabajo de un músico, entonces no es digno de llamarse director, sino farsante. ¿Y Sofía Coppola? Bueno, ella está a mitad de camino. Las canciones de María Antonieta funcionan bastante bien porque ayudan a potenciar determinadas emociones, pero hay un problema: son lo único fresco de la película. No existe un trabajo de dirección que sugiera algo parecido a la música de Gang of Four, y eso hace que lo de los grupos quede en anécdota. Prefiero mil veces la coherencia de, digamos, Forrest Gump, que también tiene una música guay.

A partir de aquí surge otra pregunta: ¿cómo tendría que ser la película para estar al nivel de su banda sonora? ¡Uf! Evidentemente, si conociera la respuesta no habría ido a verla. Me resulta muchísimo más fácil describir cómo no tenía que haber sido. Por ejemplo: tengo muy, muy claro que es una cagada confundir cine con videoclips. Cuando algún director hace un montaje al ritmo de la canción que ha escogido, siempre pienso que todos estaríamos más felices si se hubiera dedicado a seleccionar pienso para gatos. Hay películas soberbias como Trainspotting o Corre, Lola, Corre que traen música techno y que, sin embargo, no tienen un montaje frenético. Sofía Coppola, por suerte, apenas me mareó con cambios de planos. ¿Y qué más? ¿Qué otras formas de utilizar mal la música se me ocurren? Básicamente, el uso efectista. O el abuso, debería decir. Ya expliqué antes que una canción puede ayudar a potenciar una sensación, pero… ¿tiene que potenciar todas las sensaciones? ¿Es necesario que cualquier secuencia traiga incorporada una canción? Hay momentos en María Antonieta, sobre todo los paseos en carroza por el bosque, donde la música te jode la emoción. Si tenemos en cuenta que la película pretende ser algo así como un retrato del aislamiento, ¿no funcionaría mucho mejor el silencio? En cine, señores, callarse puede ser mucho más impactante que tirar de watios.

Para terminar, una última reflexión. Este artículo no estaría completo si no dijese que me distrae bastante escuchar en una peli las mismas canciones que oigo en la ducha. Ya hemos discutido eso en Sindrogámico, pero como sé que es un tema caliente lo saco de nuevo. No entiendo a aquellos que se retuercen de placer cuando las películas llevan una música que conocen perfectamente. En el fondo creo que es un poco onanista. “Yo con lo que más disfruto es con lo mío”, deben de decir. ¡Chúpate esa! Pues bien, yo digo todo lo contrario: cuando voy al cine me apetece olvidarme de quién soy y ser alguien completamente nuevo. Por mucho que me gusten The Cure, Plainsong me hace pensar en todo lo que sufría cuando tenía 15 años, y no en todo lo que sufre la pobre María Antonieta.

Ya está. Para más información consulten Carne Digital, que también está lleno de sabiduría.

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miércoles, 17 de enero de 2007

Banderas de nuestros padres.

Banderas de nuestros padres es una película tan mala que ni siquiera merece la pena hablar de ella en términos cinematográficos. Hacía tiempo que no pagaba por una historia tan desordenada, tan mal contada, tan llena de agujeros, de errores, de gazapos, de tópicos y de recursos feos. En lugar de contar cómo está hecha, por tanto, voy a escribir este post número 100 de Sindrogámico sobre otros aspectos que me parecen más dignos de atención. Sí, habéis leído bien: dignos de atención. Porque aunque Clint Eastwood ha filmado un bodrio, es un bodrio que da que pensar. Banderas de nuestros padres es, de hecho, una de las películas más interesantes de la temporada. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque ilustra a la perfección tres de las obsesiones del pueblo estadounidense: el culto a la bandera, el culto al héroe y –lo mejor de todo- el culto a lo desproporcionado.

(Continúa tras Leer más)

1-. La bandera. ¿Lo sabéis ya? La película cuenta la verdadera historia de esa foto tan famosa que todos hemos visto, ésa en la que cuatro o cinco soldados se esfuerzan por levantar una bandera gringa. Es una foto tremenda; una foto, según nos cuentan, “con la que se puede ganar una guerra”. ¿Y qué representa? Joder, vaya pregunta. Desde que el hombre es hombre, el que planta una bandera en un sitio es porque lo quiere para él, ¿no? Pues eso. La dichosa foto es la sublimación del colonialismo gringo. O, por ponernos un poco más simples, la sublimación de la bandera. Y que cada cual le atribuya al trapo de marras el significado que quiera, que a mí me importa un carajo. Lo que de verdad me importa, lo que yo quiero denunciar en este foro tan concurrido, es que Clint Eastwood nos ha engañado. Nos ha vendido la moto de que iba a ironizar sobre el infantil culto a las barras y estrellas, cuando la verdad es que ni siquiera él se ha resistido. Sí, es posible que el viejo y sucio Harry relativice un pelín sobre el desmadre banderillero de sus compatriotas, pero Banderas no deja de ser otro monumento al omnipresente pedazo de tela. Lo es desde el momento mismo en que tiene ese título y esa historia, pero también cuando Clint, astuto y sabio, subraya el famoso instante de la foto con una música digna del más llorón. ¡Ay, señores, qué rico puede ser el repertorio de trucos de un director! ¡Y qué traicionero! En cualquier caso, a mí no me molesta que este hombre nos dé gato por liebre. Todo lo contrario. El cabreo que se lo tomen los progres que siempre andan despotricando contra el Imperio, que yo estoy bien a gusto. En el fondo me fascina descubrir que hasta el más rojo de los gringos es incapaz de resistirse al respeto, la devoción, la atracción o lo que sea que la bandera de los cojones ejerce sobre su pueblo.

2-. El héroe. ¿Hace falta que os lo cuente? Banderas de nuestros padres es también la historia de los soldados que salieron en la foto. Sólo por haber estado en el lugar apropiado en el momento justo, los infelices pasaron de esquivar balas en mitad del Pacífico a esquivar cazadores de autógrafos en plena Quinta Avenida. Clint Eastwood es especialmente crudo al retratar el absurdo de este contraste. Es más: estoy convencido de que ése era su objetivo principal. Haciendo alarde de una asombrosa capacidad de reflexión, el viejo director llegó a la siguiente conclusión: la guerra es tan horrible que nadie puede ser considerado un héroe después de haberla ganado. Toma ya. Después de tanta perspicacia, ¿qué más se puede pedir? El mensaje de Banderas de nuestros padres es claro y contundente: el heroísmo no se basa en la victoria. ¿Y en qué se basa entonces, míster Eastwood? Pues en valores mucho más terrenales y cotidianos, como el sacrificio por tus compañeros o la lucha por la supervivencia; ya sabéis, esas cosas que nos dicta nuestro instinto. Hasta aquí todo bien, pero que nadie se engañe. Clint Eastwood sigue siendo un gringo de tomo y lomo porque no niega el heroísmo, sino que simplemente lo recoloca. ¿Comprendéis? Él no dice que no haya héroes, sino que los héroes no son los que pensamos. Y a mí me encanta que lo haga. Eso demuestra, una vez más, que ni siquiera él se puede sustraer a la pueril fascinación del héroe americano, el tipo corriente que lucha cada día por salir adelante. Estados Unidos tiene una cultura ridícula, pero tan sólida y coherente que me es imposible no admirarla.

3-. Lo desproporcionado. ¿Todavía no os habéis enterado? En realidad, Banderas de nuestros padres es la primera parte de un súper díptico sobre el absurdo de la guerra. El sabio Eastwood, siempre dispuesto a ilustrarnos sobre la vida, quiere demostrarnos que en toda contienda siempre hay dos bandos y que los dos podrían tener razón. Hasta aquí todo bien, pero… ¿qué fantástico recurso se le ha ocurrido para transmitirnos este sutil pensamiento? ¡Filmar dos veces la misma historia! ¡Una vez desde un lado del frente, y la otra desde enfrente! Cartas desde Iwo Jima, reciente ganadora del Globo de Oro a la mejor película extranjera (je, je), es a Banderas de nuestros padres lo mismo que la cara del Rey al uno de los Euros. O sea, todo lo contrario… pero casi igual. Y yo me muero de complacencia admirada. Los gringos son tan devotos de lo grande que les resulta imposible sintetizar. Las ideas (y los anuncios, y las campañas militares, y las tetas), cuanto más grandes, mejor. Estados Unidos se mueve en torno a tres palabras de tres letras: USA, SEX y BIG. Da igual que se trate de una hamburguesa o de la película del director más avanzado: todo tiene que ser a lo grande. De nuevo Clint Eastwood se muestra incapaz de esquivar el burdo americanismo que lleva en su código genético. Rodar dos superproducciones para ilustrar algo tan simple como que todo-el-mundo-tiene-un-motivo-para-ir-a-la-guerra me parece tan desproporcionadamente estúpido que me dan ganas de llorar de la emoción. Sobre todo cuando una de las dos películas está rodada en un idioma que el director no conocía. Es tan disparatado, tan inconcebible, tan gilipollas, tan ridículo… que sólo puedo rendirme y aplaudir. Ya he visto Banderas de nuestros padres, y estoy que me muero por ir a ver Cartas desde Iwo Jima. ¡Viva Clint Eastwood! ¡Viva Estados Unidos!


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La más grande


A principios del año pasado Chan Marshall, la oligofrénica más atractiva de todo el panorama indie, se puso los vestidos de la mejor Dusty Springfield y parió un disco al que llamó, sin asomo de modestia, “The Greatest” (en realidad se trata de un homenaje a Cassius Clay). Sepultado bajo el alud de novedades (en esta época de indigestión musical un año se antoja bastante largo), las diferentes listas de lo mejor del año han servido para volver a sacar a la luz una obra que siempre tuvo que estar presente. Disco mayor, de entre todas las joyas que contiene “Lived in bars” es la que mejor resume su espíritu general. De repente, la joven indie torturada se ha convertido en una gran dama y celebra su metamorfosis revisitando su pasado con el orgullo del que ha estado ahí y ha sobrevivido, levantando las mantas y dejando entrar aire nuevo. En un disco con continuos homenajes a los héroes anónimos de la América profunda, los barflies también tienen su hueco. “There’s nothing like living in a bottle/ and nothing like ending it all for the world”, canta arropada por un piano, con la seguridad de que no existen vidas malgastadas, sólo circunstancias de las que pocos pueden escapar. Por eso, cuando en el tramo final arrecian los vientos y entran los coros, uno siente la súbita necesidad de subirse a una mesa a bailar y brindar por el mundo. Tremenda canción. Tenías razón, Chan: la más grande.


Cat Power - Lived in bars.mp3

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viernes, 12 de enero de 2007

Segundo Plano: Joe DuBois ("Médium")

Segundo plano pretende ser un homenaje a todos aquellos personajes que están lejos del foco principal, secundarios sin cuya participación nuestras series y películas favoritas no serían las mismas. Va por ellos.

Joe DuBois (Jake Weber, “Médium”) es el marido perfecto. Más que eso, es un santo. A cualquiera de los vecinos de su lujosa urbanización, la vida de Joe le debe parecer modélica: buen mozo, ingeniero aeroespacial, casado con una mujer guapa y padre de tres niñas de entre 8 meses y 11 años que parecen sacadas de un anuncio de Johnson’s Baby. Lo que sus vecinos no saben es que su mujer, Alison DuBois (Patricia Arquette), es una poderosa médium que pasa más tiempo hablando con gente muerta que con sus vecinas de la urba y eso, pues da mucho susto, la verdad. (Continúa tras Leer más...)

No debe haber nadie que trabaje menos en Hollywood que el diseñador de vestuario de Jake Weber. En casi todas sus escenas Joe aparece con unos simples calzoncillos y una camiseta, recién levantado después de que su mujer se despierte a medianoche porque se le ha aparecido un fiambre en sueños o discutiendo con su señora durante el desayuno por tener que llevar a las niñas al colegio porque ella se tiene que ir a cualquier estado con sus amigotes de la fiscalía a desenterrar a uno de esos niños que salen en los cartones de leche americanos. Además, por lo visto en la serie, la videncia debe ser hereditaria - como la calvicie, vamos - ya que alguna de las hijas del sufrido matrimonio parece que está empezando a jugar con los amigos imaginarios de mamá. Lo que le faltaba al pobre Joe. Desde Sindrogámico queremos mostrar nuestra admiración por este pobre hombre. Considerándonos más o menos buenas personas, no creo que ninguno de nosotros aguantara más de dos días al lado de una persona que está constantemente hablando con gente que tú no puedes ver y recordándote que tu casa está llena de señores y señoras muertos, por mucho amor que sintamos. Así de cínicos estamos: entre el amor y la salud mental, hemos optado por la vía más cómoda, y precisamente por eso admiramos tanto a Joe. Porque, entre tanto fantasma y lunático, él parece el personaje más irreal de la serie de tan perfecto que resulta.

Médium
está inspirada en la vida de, oh sorpresa, Alison DuBois, presunta vidente y casada en el mundo real con Joe DuBois. Por lo visto en fotografías, parece obvio que, al menos en el plano físico, el retrato televisivo de Joe es bastante benévolo (en realidad parece El Puma con menos cardado). No podemos opinar sobre su personalidad porque obviamente no lo conocemos, pero es bastante interesante revisar su blog para hacernos una idea sobre cómo es la vida en común con una mujer que nunca está sola. Uuuuuuh…

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jueves, 11 de enero de 2007

Chelsea Hotel

"I remember you well in the Chelsea Hotel
you were famous, your heart was a legend.
You told me again you preferred handsome men
but for me you would make an exception.
And clenching your fist for the ones like us
who are oppressed by the figures of beauty,
you fixed yourself, you said, 'Well never mind,
we are ugly but we have the music.' "


Chelsea Hotel nº2
Leonard Cohen

Hablando hoy con un amigo que se marcha unos días a Nueva York me acordé...

Cuando estuve allí me quedé sin ir al Chelsea Hotel, en la calle 23, entre la 8ª y la 9ª, puesto que sólo disponía de un fin de semana en la ciudad, y mi lamentable condición de mitómana aún se resiente de ello.

En una de sus suites dormía durante el día la diva del teatro Sara Bernhardt en un féretro que usaba como cama, dicen las malas lenguas...
Ya en los cincuenta, sus paredes albergaron durante largas temporadas a Jackson Pollock, Allen Ginsberg, Burroughs, Kerouac o Arthur Miller, entre muchos otros. Miller escribió "El Chelsea no era parte de América, no tenía aspiradoras, ni reglas, ni gusto, ni vergüenza. Era una fiesta de nunca acabar".
En el amanecer de 1953, el poeta galés Dylan Thomas pronunció allí sus últimas y heroicas palabras: “...I’ve had 18 straight whiskys and I think it’s a record.” (me he tomado de un trago 18 whiskys y creo que esto es un récord). Poco después moría en un hospital cercano, de coma etílico, claro...

Durante los sesenta el lugar asistió a su consagración como santuario de la más dispar intelectualidad y bohemia, no sólo neoyorquina sino internacional; Arthur C. Clarke escribía en un cuarto el guión de 2001, Una odisea en el espacio, mientras en la habitación de al lado Bob Dylan paría nada más y nada menos que el mítico Blonde on blonde. Los chicos de la Velvet y su gurú Andy Warhol también eran asiduos, de ahí el título del primer disco en solitario de Nico, una auténtica Chelsea Girl.
Está claro que en el Chelsea estaba todo permitido, supongo que por ello lo eligió Jimi Hendrix para atronar a todos los parroquianos con su Marshall, en sus primeros ensayos...

La próxima vez que vaya a Nueva York me acercaré por allí, no sólo porque no creo que exista otro sitio con tal concentración de talento a lo largo de casi un siglo, sino porque estoy en deuda con el lugar por ser la cuna de mi canción preferida de Leonard Cohen, Chelsea Hotel Nº2.
El bueno de Cohen cuenta que cogió el ascensor buscando encontrase con Brigitte Bardot y..., ¡¡se topó con Janis Joplin!!
De tan bizarro, ejem…"encuentro"-los que manejen slang neoyorquino que indaguen en la letra lo que hicieron estos chicos - surgió esta canción. Me encanta eso de “We are ugly but we have the music”…

Seguro que ahora es un sitio turístico de mierda, lleno de placas y fotos que recuerdan aquellos tiempos, pero yo iría a ver qué pasa, ya os contaré qué noticias trae mi amigo si sigue mis recomendaciones...

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miércoles, 10 de enero de 2007

Metafísica del trapo

A María Eloy-García me la encontré en un bar, subida a un escenario y recitando sus poesías. Mientras yo pedía un par de tercios ella decía:

tu eras una coordenada
yo era un eje de abcisas
aunque hubiéramos asaltado
cienmil sucursales y tu siguieras
siendo un lanzallamas
apunto de hervirse la saliva
yo sabía que acabarían encontrándonos
porque cuando tú les dabas
la longitud exacta
yo les daba la latitud precisa


Le di un trago a mi cerveza, la gente aplaudió y ella siguió, esta vez con un Por poco jaicus:

cuando te vea dirás que estoy ausente
y lo estaré, pero entiende que no puedo pasar
del milímetro de las cosas al kilómetro de ti.

Miré a mi alrededor en busca de un lugar para sentarme. Encontré uno para dos. Ella siguió recitando su Metafísica del trapo.


Metafísica del trapo, María Eloy-García, Ediciones Torremozas, 2001.

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lunes, 8 de enero de 2007

Homenaje a Sam Peckinpah

Para aquellos que disfrutéis del buen cine, en concreto, del western, así como de los excesos de Sam Peckinpah, os informo que el Círculo de Bellas Artes ha preparado un ciclo homenaje a este señor y su cine para finales de este mes.

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sábado, 6 de enero de 2007

Lisboa


Con este post quisiera brindar por esta ciudad y muy especialmente por los lisboetas. La pasada Nochevieja los sindrogámicos Rfa., n., JA, Anadja y yo, junto con más amigos, estuvimos en esta dulce ciudad alojados en el mítico Barrio Alto. Conseguimos una magnífica casa habitada por un fotógrafo, al que le agradezco las agradables horas pasadas viendo las fotografías de los gruesos libros de su estantería, Magnum y L'Agence, mientras los turnos para ducharnos se sucedían interminablemente...

Para el que no conozca la ciudad, por mucho que le cuente no sé si ni siquiera podrá intuir a la verdadera Lisboa. ¿Cómo hablar de una de las ciudades más bellas de Europa? Se puede empezar hablando de sus calles adoquinadas, de sus viejos tranvías, de la riqueza de los azulejos que decoran las casas, de sus esquinas doradas, de sus empinadísimas cuestas, de sus escaleras interminables hasta el esperado mirador, de la neblina tibia del río, de la visión lejana del mar, de sus plazas abarrotadas, de las puertas bajas de la Alfama, del rico vino verde, del alegre sonido de los juegos de los niños, de las mujeres que toman su chupito de café después de la compra, de las gentes que buscan otra vida mejor...

Pero también se puede hablar del todavía muy presente 25 de abril, de los carteles sobre el futuro referéndum del aborto, de los reducidos garitos a la última, de los jóvenes que tratan de crecer y crear pero que han de marcharse...

Para mi pequeño recuerdo personal están las risas, las refrescantes caipirihnas, las imperiales a un euro, los bailes en "el verde", las uvas españolas y el brindis portugués de fin de año, la gente que conocí, la que ya conocía, los taxistas corredores de rallyes, los resbalones, las fotos a intervalos, los despertares soleados...

Todo esto me llegó, mucho, y no se me va, porque Lisboa no se va, no solo se mantiene allí, sino que está cada vez más aquí. Por supuesto, esto (la casa del fotógrafo, la fiesta de Nochevieja, los garitos nocturnos...) y más se lo agradezco a Sarihna, porque nada hubiera pasado sin ella: un beso enorme a ella a los que no estuvieron: Fran y el resto de sindrogámicos Walter Kung Fu, Antikristas, mikto kuai y Alis.

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jueves, 4 de enero de 2007

Todas volvemos a la calle

En pleno centro de la capital y con los agobios y el ansia de las compras de regalos, los empachos de las comidas con los colegas o los siempre comprometidos encuentros con los parientes, es necesario un hueco que nos permita parar... Y allí está la Casa de América y las fotos de Maya Goded. En pleno barrio "bien" de Salamanca de Madrid nos podemos sumergir en los suburbios de la prostitución del barrio de La Merced de México D.F. Como fotógrafa se ha atrevido a mirar a la cara lo que otros tratan por todos los medios de tapar, y es más, nos lo muestra abiertamente con fotografías limpias, concretas, personales, donde las prostitutas nos miran con sus cicatrices, moratones, labios cerrados... Pero también descubrimos que esas mujeres saben sonreir, acariciar, ilusionarse... Y que son madres.

El valor demostrado por Maya Goded queda reflejado perfectamente en esta historia que ella misma nos cuenta:

Un día decidí llevar a cabo una fantasía. Me acerqué a la sexo-servidora con el aspecto más maternal de la plaza, le pagué y nos metimos en un hotel de paso. El dueño del hotel, un vasco ya mayor, con un peluquín rubio, y que conocía bien a las mujeres del lugar, me lanzó una mirada enjuiciadora y nos atendió de mala gana, arrojándonos las llaves de la habitación.

Imperdonable perdérsela (hasta el 14 de enero, C/ Marqués del Duero 2, Madrid).

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