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jueves, 4 de diciembre de 2008

El Hola mola. El recortable de los reyes.

Cuando padecíamos la adolescencencia, mis amigos y yo éramos parroquianos de un bar que se llamaba Aloha. Estaba en un pequeño pueblo de Alicante, Torre de la Horadada. De tanto ir al Aloha nos hicimos amigos del dueño, Felipe, y todas las noches nos invitaba a un mini. Era un tío simpático, pero no tenía piernas. O al menos no teníamos constancia. El día que nos encontramos con Felipe fuera de la barra de su bar nos quedamos todos flipados porque era la primera vez que le veíamos las piernas. Justo lo mismo que pasa con los sellos del Rey. ¿Quién iba a decir que este señor al que tantas veces hemos lamido el cogote tenía un cuerpo así de escultural? Lo he descubierto gracias al ¡Hola!, que esta semana habla sobre un nuevo recortable monárquico. Al parecer, a alguien se le ha ocurrido la brillante idea de jugar a poner y quitar ropa de nuestros reyes. El recortable se vende, pero también tiene página web para que gentes como nosotros echemos un vistazo. Puedes vestir a sus majestades según la moda del Renacimiento o de la Edad Media, pero ésa es la parte aburrida. Lo divertido de verdad es dejarles en pelotas, como en este dibujo.

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miércoles, 12 de noviembre de 2008

El Hola mola. Muñeca Leonor.

Nosotros no tenemos latas de sopa de tomate Campbell, como Warhol, pero tenemos infantas. Desde que Velázquez decidió que pintar a las hijas del rey era más divertido que pintar al rey mismo, las crías de palacio han sido uno de nuestros grandes iconos pop. A tomar por culo el toro de Osborne, vivan las Meninas. Y viva también Leonor, la ultimísima menina, musa de fisiognomistas, paparazzis y... maestros jugueteros. En el ¡Hola! de esta semana viene una noticia maravillosa: ya hay muñeca de Leonor. No trae miriñaque ni tocado barroco, pero sí que incluye el uniforme de Santa María de los Rosales, que mola todo. Todavía tengo que averiguar dónde se venderá, el ¡Hola! no lo cuenta. A mí me haría inmensamente feliz que la llevasen a la librería del Prado, junto a los lápices y los marcapáginas de sus tatarabuelas. (Y a los VIPs, claro).

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sábado, 4 de octubre de 2008

El hola mola. Elsa Pataky.

Ha sido una de las noticias más vistas en periódicos como El País o ABC: Elsa Pataky, la de los helados y las serpientes en el avión, ha posado en exclusiva para el ¡Hola!. Los que entienden de estas cosas dicen que se trata de un reportaje histórico, el mejor del año. Casi cuarenta páginas donde la mujer más deseada de España y su novio, el oscarizado Adrien Brody (mitad Manolete, mitad Anna Frank), enseñan al mundo el castillo que utilizan como casa. El asunto tiene tanta enjundia que yo, vuestro humilde servidor, no he podido resistir la tentación de traerlo aquí, a este pulcro foro de erudición. Y no porque quiera ponerme frívolo o tocapelotas, sino todo lo contrario. Estoy convencido de que a partir de reportajes como éste se puede alcanzar un nivel de sabiduría y comprensión superior. Sí, señores, estoy hablando en serio. Sigan leyendo y descubrirán con qué maestría han conseguido el ¡Hola! y Elsa Pataky sublimar las dos realidades sobre las que se sustenta la prensa del corazón, las que más atracción ejercen sobre el populacho: el amor y el lujo.

Empecemos con la sutilísima puesta en escena del amor. He aquí una imagen impagable de Elsa, Adrien y su bulldozer. Adrien va vestido de mago ilusionista porque todo el mundo sabe que el amor es cosa de trucos y de philocaptios. Ya lo decían los Planetas en David y Claudia: "puedo estar en tu cabeza y que no mires a nadie nunca más". ¿Y Elsa? ¿Dónde está2 Elsa? Elsa está en lo más alto de la imagen. O mejor dicho, en lo más alto de la excavadora. Porque lo más significativo de esta foto, señores, es el tremendo tractor-falo que pone en relación a los dos personajes. Nunca antes había sido explicitada de manera tan brutalmente inequívoca la naturaleza sexual de una relación. A pesar de su apariencia cómica, el tractor amarillo funciona como metáfora perturbadora de un universo tan venial como hedonista, un universo donde para subir a lo más alto sólo es preciso dejarse enganchar por detrás sin perder la sonrisa.

En segundo lugar, el lujo. Como casi todas las revistas de corazón, el ¡Hola! gusta de hacer hincapié en las diferencias abismales que hay entre nuestra vida y la de los famosos. Y para ello nada como entrar en sus casas para ver sus cuartos de baño. Puede que los ricos también caguen lloren, pero se limpian secan con toallas de seda. Cuando entramos en la intimidad doméstica de Elsa Pataky y Adrien Brody descubrimos que ni siquiera aquí desaparece ese halo de glamour que sólo poseen los escogidos. En el rincón más íntimo de la casa, aquel donde uno se desprende de toda pose y de toda dignidad, encontramos una fotografía inquietante: la imagen enmarcada de unos papparazzis disparando sus cámaras. El mensaje que Elsa nos transmite es inequívoco: "nosotros , Adrien y yo, somos admirables y dignos de fotografiar hasta cuando cagamos nos quitamos el maquillaje". Ante tanto derroche de elegancia consciente, es imposible no arrodillarse y asumir la propia vulgaridad.
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jueves, 11 de septiembre de 2008

El Hola mola.

Este año he decidido suscribirme al ¡Hola!. Hace tiempo que siento una fascinación morbosa por toda la prensa del corazón, y en los últimos meses he comprendido que revistas como ésta son un referente imprescindible de nuestra cultura. El ¡Hola!, por si no lo sabéis, es la única cabecera española que ha conseguido saltar fronteras y conquistar mercados tan competitivos como el británico, donde se publica como Hello!. ¿Acaso no es esto motivo suficiente para, por lo menos, sentir una pizca de curiosidad? Yo creo que sí. Además, con 3346 números editados, el ¡Hola! es una reliquia del pasado. Y cualquier intelectual con un mínimo de rodaje como vosotros sabe que todo lo de ayer es mejor que lo de hoy, ¿no? Por motivos como éste, pero también por pura frivolidad, a partir de ahora publicaré un post sobre el último ¡Hola! cada semana. Hoy, como es la primera vez, voy a comenzar con una lista de motivos para valorar esta extraordinaria publicación. Podréis encontrarla si pincháis en "leer más".

¿Por qué mola el ¡Hola!? A continuación, algunos argumentos con ejemplos sacados del número 3346.
Porque nadie maneja el arte de la sutileza como ellos. "Isabel Sartorius, cicerone de Benicio del Toro en la noche madrileña". (Titular de la página 48)
Porque sus redactores sí que saben cómo arrancar un artículo. "Ella es la antítesis del arquetipo de la frívola heredera de cabeza vacía. Por fuera, el brillante cabello rubio, la figura curvilínea y el atuendo glamuroso dan la impresión de una Paris Hilton en una sala de juntas. Pero la hija del magnate de las inmobiliarias Donald Trump es una persona de veintiséis años muy dinámica, inteligente, segura de sí misma y, ahora también, una formidable mujer de negocios que se ha ganado su puesto como vicepresidenta en la empresa de su padre". (Página 6. Es el primer párrafo de toda la revista).
Porque no hay nadie que escriba pies de foto como los suyos. "Los príncipes de Asturias comieron en la cantina de la Expo un menú de algo más de seis euros, que "estaba de maravilla", según doña Letizia. Sobre estas líneas, con sus bandejas, esperando turno para pedir lentejas estofadas, escalopines y yogur. Abajo, don Felipe pagando su café, después de hacer cola quince minutos". (Página 24).
Porque son maestros a la hora de condensar información útil en un titular. "Antonio Banderas y Melanie Griffith, en el festival de Toronto, donde también estuvieron, aunque no coincidieron, Brad Pitt y Jennifer Aniston". (Página 52).
Porque tienen a los mejores fotógrafos y a unos estilistas sin parangón. Sólo hay que ver el reportaje de la portada que ilustra este post, con una estupenda Isabel Pantoja, un Paquirrín más despierto y sonriente que nunca y un Paquirri que regresa desde el mundo de los muertos para posar en lienzo. 17 páginas, 15 fotos, 7 trajes distintos cada uno. Eso sí, siempre el mismo los dos, como si fuesen gemelos. Impagable.

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