martes, 9 de marzo de 2010

Deseo de ser punk

Ya reseñé hace tiempo otra obra de la Gopegui, La escala de los mapas, pero para mí reseñar este libro es como hacerlo de una autora diferente a la que leí entonces. De una escritura densa, de conceptos abstractos, de trama confusa (la poca que había), de personaje retraído, pasamos en Deseo de ser punk a una historia de una chica adolescente de 16 años en primera persona, con pensamientos ágiles, rápidos y espontáneos, cuyo mayor misticismo es hablarnos de lo que siente cuando escucha el primer rasgueo de guitarra de Highway to hell, de AC/DC, que tampoco es poco.

Parte de sus pensamientos son de este tipo:

Me quedé con el disco en la mano y pensé que los vinilos eran como los cuadernos, se acaban. Eso está bien. Me refiero a que las cosas se acaben. Porque es mejor saber a qué atenerse. La gente se muere, las cosas se terminan, un disco es un disco, cuando yo acabe este cuaderno dejaré de hablar contigo y si no he conseguido hacerte pasar aquí dentro, que escuches lo que yo escuché, que cruces la puerta conmigo, habré perdido mi oportunidad. Porque en la vida también se pierden oportunidades.

Yo no sé si una chica de 16 años piensa así, la verdad, lo que sí sé es que si trajéramos a la Belén Gopegui de 16 años al mundo actual y viera lo que hay hoy día, sí que pensaría así:

En el insti hay gente que tiene cinco mil canciones almacenadas. Con dieciséis años, cinco mil canciones. Una música que no se acaba no sé para qué sirve. Creo que a los cedés les pasa lo mismo. Los pierdes, sacas otra copia, los estropeas y no te importa porque ya te descargarás la canción otra vez.

No sé si a la autora le gustarán tan poco los eBooks como los cedés, pero aquí va un apunte para los editores:

Bueno, por un lado está bien que podamos descargar la música, copiarla y regalarla sin gastarnos muchísimo dinero. Los cedés de las tiendas con sus cajas de plástico me parecen muy caros y absurdos, para nada valen tantos euros como te cobran.

Y la última frase de este párrafo es mi favorita de todo el libro:

Creo que los vinilos son diferentes. Porque son analógicos y la vida es analógica.

La vida es analógica, ahí me ganó por completo. Somos analógicos, por más que nos empeñemos en vivir en un mundo cada vez más virtualizado, en digitalizarlo, en convertirdo de manera absoluta en 0 y 1.

5 comentarios:

Sintomático dijo...

Muy bonita reflexion.

Walter Kung Fu dijo...

Como defensor de lo analógico, no tengo tan claro que no seamos también digitales, como algo complementario. De hecho, nuestra manera de relacionarnos, de comunicarnos, cada vez está más orientada a lo digital, a Internet. ¿Un ejemplo? Los blogs.

Anónimo dijo...

Me acabo de leer el libro, me gusta cómo escribe esta tía, lo hace todo fácil y al final te das cuenta de que te ha contado bien contada una historia con fondo, como lo de encontrar tu música, lo importante que es encontar un lenguaje musical que "te exprese". O como lo de los espacios públicos para jóvenes donde puedan estar simplemente y no tener que consumir nada, porque las bibliotecas están bien pero no son suficientes.
¡Mola!

pat dijo...

Lo digital es una simplificacion de lo analogico, mas limpio, mas cuadrado, con menos matices, ocupa menos espacio, reflejo de la sociedad del aqui y del ahora, mas vale acumular que disfrutar...

mikel dijo...

Interesante apunte. La vida es analógica. Cierto! Y todo lo analógico es infinito por definición, ergo... la vida es infinita. Real como ella misma.

;-)