viernes, 30 de marzo de 2007
jueves, 29 de marzo de 2007
Circulando
Últimamente vuelvo a ser usuario del mítico Circular (ahora ya son dos, C1 y C2), además en su trayecto más característico: aquel que pasa por el Clínico y demás hospitales de Cristo Rey. Por tanto, vuelvo a ser conocedor de los empellones y de las carreras de sus más ilustres usuarios, nuestros queridos ancianos, amén de las universitarias del CEU y de alrededores.
Esta mañana, sin más, al quedarse un asiento libre me dirigí rápidamente en su dirección, con tal mala suerte que un anciano sin bastón tuvo la misma idea que yo. Tras unos segundos mutuos de disculpas y de ofrecimiento del asiento vacío, desistí y me senté. Acomodado ya, saqué el libro que empezaba. En la siguiente parada subió una anciana descabellada (sin pelo, también) que desoyó mi ofrecimiento cuando me levanté para indicárselo. Sólo me contestó negativamente con la cabeza una chica del Este que le (¿le o la? ) acompañaba. Me volví a sentar. Saqué de nuevo el libro, pero la tensión y la presión del buen ciudadano que llevo dentro suponía estar pendiente de cada nuevo viajero que subía. Esto impidió la concentración necesaria para acometer cualquier lectura seria.
Y la escritura de esta entrada, junto con la prueba del buscador de blogs de Google y la búsqueda de la previsión meteorológica en la playa para los próximos días, me llevó hasta la imagen que la adorna, gracias a unos vecinos.
Feliz Semana Santa.
Secciones: crónicas
miércoles, 28 de marzo de 2007
Tristram Shandy.
Es imposible hablar sobre Tristram Shandy sin soltar un spoiler enorme. Es imposible decir de qué va. Se puede decir que es una buena adaptación de un clásico de la literatura, un libro supuestamente inadaptable que (dicen) se adelantó un siglo y medio al Ulisses de Joyce. Pero como yo no lo he leído, prefiero no mojarme. También se puede contar que es la nueva película de Michael Winterbottom, uno de los pocos directores actuales capaces de reinventarse cada vez que estrena. Pero eso sería alimentar fanatismos incondicionales, algo que también va en contra de mis principios. ¿Entonces? ¿Cómo describir Tristram Shandy para que pueda interesaros? Lo he estado pensando y creo que ya tengo la solución: Tristram Shandy es una película sobre tener hijos. O sea, sobre parir algo. Y, como dijo Mayra Gómez Kemp, “hasta aquí puedo leer”. Quien quiera saber más, que se vaya al cine y disfrute tanto como yo disfruté. O que lea mitte, que allí explico por qué es mucho mejor que María Antonietta.
Secciones: cine
martes, 27 de marzo de 2007
Porque lo digo yo
Me ha apetecido recoger, por limpia, llana y necesaria, la reflexión que Javier Marías lanzaba en su columna del semanal EP[S] del domingo pasado. Es una reflexión que pone aire a todo este discurso machacón sacado a la luz por unos cuantos políticos de derecha española conservadora y rancia, y que hasta que no he leído el artículo de Javier, os prometo que hasta a mí me costaba definirlo con palabras. Merece enormemente la pena leer el artículo completo , pero yo solo os hablaré del final.
Javier Marías concluye que ha descubierto que hay gente que ha renunciado a tener la razón. Así de directo. Es decir, que hay gente que estando en sus plenas capacidades mentales es capaz de afirmar con rotundidad que es de noche cuando brilla el sol. Y ya se les podrá decir que brilla el sol y todos sabremos que es así, que el sol brilla con todo su esplendor, que a esa gente no le importará lo más mínimo, no les importará que el sol les ciegue o que les queme la piel, que seguirán respondiéndote que es de noche. Y es que es de noche por la simple razón de que lo dicen ellos. Esas personas no están desquiciadas, no han perdido la visión ni el sentido del tacto, simplemente han renunciado a tener razón.
Y es que renunciar a tener razón quita muchos quebraderos de cabeza, ¡ya no hay que perder el tiempo en convencer a nadie, en demostar nada, en argumenar nada! ¿Que por qué una pareja homosexual no puede ser una familia en una sociedad civil? ¡Porque lo digo yo! ¿O no? ¡Que agustito poder afirmar así las cosas, ¿verdad?! No. Afortunadamente a mí no me da ningún placer realizar este tipo de afirmaciones, y menos imponerlas, que es lo peor. Desgraciademante me las tengo que tragar todos los días.
Secciones: lecturas
sábado, 24 de marzo de 2007
Nam June Paik.
Cuando éramos pequeños nos decían que no podíamos ver la tele porque era mala para nosotros. Pero la tele nos gustaba: había pastorcillas repelentes, puercoespines rosas y gnomos que se convertían en árboles. No nos creíamos que aquello tan entretenido pudiese hacernos daño. Nuestros padres, los pobres, estaban condenados a perder la batalla de la educación razonada. Afortunadamente, los padres de hoy lo tienen mucho más fácil. Si quieren que sus hijos se acojonen de verdad con la tele, sólo tienen que llevarles a la exposición de Nam June Paik que hay en Telefónica. El retorcido coreano utilizó la caja mágica para construir un repertorio escalofriante de monstruos como el de la foto. Cada uno de estos bichos tiene una envergadura de tres metros y, según parece, un trasfondo reflexivo de gran profundidad. Pero no quiero ni imaginarme el impacto que tendrían sobre un niño. En manos de Nam June Paik, la tele se convierte en un aterrador instrumento de tortura que marea, aturde y, si lo miras demasiado, hasta podría provocarte trastornos irreversibles. Nada recomendable para los que sean propensos a las pesadillas. Pero ideal para que vuelvas a tu casa y tires el mando por la ventana.
Si queréis leer más sobre Nam June Paik, visitad mitte.
Secciones: arte
viernes, 23 de marzo de 2007
Las Moléculas y Alrededores
Secciones: Alrededores, fotografía
jueves, 22 de marzo de 2007
Sin oxígeno
Como estoy sin oxígeno, me hago acompañar por un botellín de Mahou y unos frutos secos que me hacen recordar esos tiempos en los que, sentado en un banco de un parque cualquiera, reunido con mis amigos y sin nada más que hacer, nos atiborrábamos de pipas. Era tal el exceso que hasta olvidaba fumar. Claro que eran otros tiempos más sanos en los que frecuentaba la naturaleza urbana de los parques y rendía culto al aburrimiento del tiempo libre.
Pero de lo que yo quería hablar es de esa frase tan trascendental como estúpida que me acompañó en mi adolescencia: “Y dijo el toro al morir: siento dejar este mundo sin probar las pipas Facundo". Me atormentaba pensar en el final de mis días cuando lo único que hacía era no hacer nada, lo cual lo convertía en un acto más banal e intrascendente, tanto, como comer pipas. La he vuelto a buscar en la bolsa del cocktail, al cual también confieso ser adicto, pero no la encontré. Siempre me pareció ceremonioso recitar este pareado antes, durante y después del atracón, todo un ritual.
Malos tiempos para la lírica. Y para los vicios.
Secciones: crónicas

