jueves, 6 de diciembre de 2007

30 años y unos días sin censura

En estos tiempos tan Web 2.0 cuesta pensar que hubo una época en la que existió una censura, oficial y reglamentada, que prohibía, manipulaba y que se convertía en el principal azote de los creadores de este país, además de torpedear su desarrollo cultural y social. El día 1 de diciembre de 1977 supuestamente se producía el cerrojazo a tan estúpido anquilosamiento. Sin embargo, es fácil reconocer que todavía existe alguna lacra relacionada, como el todavía exitoso doblaje en castellano de películas y series extranjeras que redunda en la archiconocida pericia de los españoles para hablar otras lenguas.

No creyendo que la censura avivara el ingenio de los creadores, sí provocó curiosas y divertidas secuencias, como aquello de convertir un matrimonio en una pareja incestuosa para evitar mostrar un adulterio en Mogambo (1953), de John Ford. Ya sabéis, torpezas de la censura. De las que conozco, mi preferida es la escena final de Viridiana (1961), que demuestra la genialidad y la mala leche de Buñuel: la censura impidió que Silvia Pinal quedará a solas en la habitación de su primo, personaje interpretado por Paco Rabal, pero sí permitió que les acompañara la criada en esta partida a puerta cerrada. Menos explícito, pero más perverso.

7 comentarios:

NáN dijo...

La censura, al aguzar el ingenio, mejora los resultados artísticos.

Quien bien te quiere te hará llorar.

El toro bravo pasa quince minutos de gloria y sufrimiento. A cambio, tiene la mejor vida que se le da a un animal.

(¿De qué estercolero ideológico-cerebral saldrán las frases de este tipo? Puestos a parir cosas así, se me ocurre alterar otra parecida, muy utilizada (la original) para matar y ensombrecer seres humanos y luego dormir estupendamente: "Si matáramos a esos perros, se aligeraría la rabia de vivir").

Rfa. dijo...

La censura no sólo hizo daño mientras se practicaba, sino también cuando se levantó. De repente, una panda de reprimidos sintieron el refrescante aliento de la libertad y confundieron la ausencia de cortapisas con la falta de pudor y/o gusto. Y claro, como nadie se atrevía a decirle a nadie que se callase, un montón de papanatas empezó a decir y filmar tonterías. El ejemplo más típico es el cine del destape, pero hay también algún que otro pesado por ahí que, con tal de decir lo que pensaba, se olvidó de hacer películas.

Pat dijo...

Yo no creo en la censura pero también reconozco que autores como Berlanga perdieron algo cuando pudieron desplegar todo todito su imaginario...
En los momentos difíciles es donde el ingenio sale a relucir y eso funciona tanto en la vida como en el arte.

sintomático dijo...

Sí, con la censura procuraron sugerir y tuvieron que sacar de los silencios y las elipsis obras de arte. Luego vino el desparrame y la incontinencia verbal de muchos, o el cine del destape. Menos mal que aquello terminó, pero algunos, como dico Rfa., se olvidaron de hacer lo que debían de tanta monserga.

Al hilo de este texto de Walter me he ido un momento en busca de algo que dijo Erice sobre la censura franquista, la censura del mercado y El espíritu de la colmena. He encontrado esta sugerente y polémica frase: "Son distintas, es cierto, pero esta última [la censura del mercado] es un tipo de censura también. Estamos ante un mercado falsamente libre". También dijo que la censura franquista era más fácil de salvar.

Todo un tema.

mikto kuai dijo...

Estupenda esa frase de Erice que nos traes Sintomático, de esas que hacen cosquillas en el cerebro.

NáN dijo...

como creo que el Mercado es la continuidad (más eficiente) de la dictadura, no puedo sino estar de acuerdo... en principio. Pero no deja de ser un planteamiento válido únicamente "cuando una dictadura no te amenaza".

Es más difícil ahora, aparentemente. Pero hay medios (el llamado cine independiente, por ejemplo, aunque imperfecto) para dar a conocer lo que se hace. Imposible realizar una superproducción sin ceder en casi todo. Pero, ¿quién quiere hacer una superproducción?

Sin embargo, jugarte la cárcel y, sobre todo, que quiten tu obra del mercado y perderlo todo da canguelo, ¿no?

Todo este texto improvisado es un intento de poner las cosas en su sitio. Que dejara de ser fácil fusilarnos en un paredón no mejora nuestra vida: pero cuando podían hacerlo, nuestra vida era peor (bueno, la mía no; ser mucho más joven no está nada mal).

rinconete dijo...

Alguien me contó una historia ocurrida durante la dictadura militar en Brasil, que había instaurado la censura a los medios: El diario O Globo decidió dejar en blanco los espacios de los textos censurados. Como este sistema pese a que acataba la censura, también la explicitaba, fue finalmente censurado. Los periodistas decidieron entonces reemplazar los espacios en blanco por los versos de Os Lusíadas, la gran epopeya de la literatura portuguesa. El diario llegó a publicar dos veces las ciento dos octavas de la obra antes de que el censor les prohibiera también ese método.

Más allá de que la historia sea probablemente demasiado buena para ser cierta, ilustra aquello de que lo primero que necesita la censura para ser eficaz es ser invisible.