jueves, 9 de octubre de 2008

Mi nevera de una capa

Hubo una época en la que sentía una enorme curiosidad por el contenido de las neveras de las casas que visitaba, de manera que unas veces a escondidas y otras superando la vergüenza que suponía el perdona, te importa si abro la nevera, no quiero nada, sólo mirar, conseguía satisfacer mi inexplicable afán de conocimiento. Y es que no lo podía evitar. Era una manía. Todavía hoy no alcanzo a comprender muy bien que buscaba pasmado delante de un frigorífico abierto, aturdido por la luz que salía de su interior, absorto y perdido en su contenido, examinando aquellos extraños productos y alimentos que nunca aparecían en nuestra nevera familiar.


A día de hoy esta curiosidad ha disminuido hasta casi desaparecer, igual por una cuestión de decoro, aunque me inclino más bien por el hecho de que mi nevera siempre esté (semi)vacía, como mucho, conteniendo una capa. Es tal la fascinación que siento ahora por la nevera de mi madre, aquella por la que tantas veces espié y tan impresionado quedo al abrirla cuando contemplo tal capacidad de almacenaje y semejante variedad y cantidad, que me descubro un inútil al mantener mi nevera de una capa de alimentos olvidados.

12 comentarios:

Señor-ina dijo...

jajaja qué gran verdad!!! mañana vienen mis padres... y cuando vean mi nevera... eso de curiosear en las neveras puede traer problemas al dueño de la nevera...

Situación...
X... donde tienes el agua?
Z... en la nevera
X va a la nevera y bebe

a las dos horas
X... me voy a comer con Y te vienes?
Z... no que va, tengo mucha comida en la nevera que se va a estropear
X... (pero si la tiene vacía... menuda excusita) Vale, me voy, un beso...

Maine dijo...

No eres el único, querido, yo también he sentido siempre una extraña y casi metafórica fascinación por el interior frío y luminoso de las neveras ajenas... pero a mí no me daba vergüenza preguntar si podía abrirlas, lo hacía directamente, así, como hipnotizada. Seremos raros :)

Walter Kung Fu dijo...

jeje, motiva saber que uno no está solo.

Justo el martes por la noche un amigo contó cuando su padre me encontró solo, en la cocina y delante de la nevera abierta. El padre, un hombre racional, se extrañó. Yo estaba en el momento de mayor adicción.

Avan dijo...

Cosas muy desagradables se pueden ver en neveras ajenas!, una afición peligrosa. Tengo que probarlo....

BUDOKAN dijo...

jaja, yo también me sumo a que esta que usted describe es una de las verdades más irrefutables de nuestras vidas. Sludos!

Rfa. dijo...

Lo preocupante de mi nevera no es que esté vacía, sino que haya una misteriosa mancha de algún líquido viejo que siempre me da pereza limpiar.
Walter, yo tengo una foto delante de la nevera abierta de tu madre. A mí también me llenaba de admiración.
Por lo demás, creo que jamás he sentido curiosidad por el frigo de nadie. Cuando voy a las casas de la gente me limito a juzgar su colección de discos.

sintomático dijo...

Me encanta. A mí me pasa con más cosas: en cuanto llego a casa de mis amigos empiezo a toquetearlo todo, nervioso, frenético, como queriendo hacerme con el lugar, como un perro que deja su señal en las esquinas.

¡Ah! Una pregunta: ¿Le quitas el cartón a los yogures o los colocas con el paquete? He descubierto que es un síntoma de si uno es ordenado o no.

La nevera es el espejo del alma: fría y vacía. Je, je.

Walter Kung Fu dijo...

De primeras se quedan con el cartón, que será retirado en el momento que cojo el primer yogur.

Pues según ese criterio ahora tengo que tener pinta de coliflor. Ayer pasé por Los Mostenses y compré verduras y descubrí que apenas se diferencian los puerros de las cebolletas (planas) y que quedé como un idiota con el frutero.

Teniendo las cebolletas en la mano pensando que eran puerros me dice el tipo "Eso no son puerros, son cebolletas". Muy digno le contesté "Ya, ya lo sé". Y me fui corriendo al lugar de los puerros. Luego en casa comprobé que apenas se diferencias de las cebolletes, que también me llevé.

d. dijo...

Fantástico, Walter Kung Fu. Qué sensación la de curiosear neveras ajenas.
Por ejemplo cuando en una fiesta vas a por refresco en una cocina un poco a oscuras, encuentras la nevera y al abrir la puerta mana un caudal de luz en su interior. Y en él un bote de mostaza de esa que tiene semillitas, y tantas otras salsas que uno le quedan todavía por probar.
Mi aventura personal es en todo caso distinta. En mi vida de casado mi nevera tiene parte de ese color que antes envidiaba. Y por cierto que, desde mi punto de vista, una nevera cobra un interés proporcional al número de salsas, encurtidos y conservas que tenga. Mira tú.

La Nena dijo...

Tengo una curiosidad ¿aunque sea la primera vez que visitas una casa haces esto de la nevera? Es que yo lo veo complicadillo para que te vuelvan a invitar...
A mí la gente que viene a mi casa y empieza a toquetearme todo sin parar es arrojado a la calle inmediatamente. No lo soporto. Malditos tocones...:-)

Walter Kung Fu dijo...

Yo no toco nada. Soy un profesional. Sólo miro y miro con confianza.

La Nena dijo...

Un profesional...qué interesante.Podrías decir que eres el vouyer de las neveras.Creo que deberías de llevar un diario exhaustivo:
"Día 12 de enero" Me encuentro delanta de la nevera de la pareja nº14...bla,bla...
Y hacer una crónica de cada visita a las diferentes neveras para luego colgarla en el blog...Respetando el anonimato, por supuesto