sábado, 22 de septiembre de 2007

Un corazón invencible.

La última película de Michael Winterbottom, Un corazón invencible, tiene dos grandes debilidades. Si le quitas el contenido político, la historia se queda en un vulgar telefilme. Y si, por el contrario, tratas de ver su dimensión social, te encuentras con un título de muy ambiguo mensaje. Quien quiera saber los motivos de esta última observación, que se dé un paseo por mitte. En Sindrogámico sólo voy a justificar las razones por las que, en mi opinión, Winterbotton debería haber estrenado directamente en la sobremesa de Antena 3.
Para empezar, Un corazón invencible cumple con el requisito básico de las tv movies: estar basada en hechos reales. Hechos reales que, para más inri, habían dado pie a una novela de éxito anterior. Autobiográfica. Toma ya. El título también se las trae: Un corazón invencible. ¿Verdad que suena a historia de superación personal? Ya puestos a imaginar títulos repelentes, yo hubiera preferido que se titulase No sin mi marido. Con un título como ése, las cosas habrían quedado más claras antes incluso de que empezase la proyección. Al fin y al cabo, ésta es sólo la típica historia de una mujer que sufre el secuestro de su marido, y que pone toda la carne en el asador para conseguir que se lo devuelvan. O sea, más de lo mismo. Ni siquiera en la factura formal hay grandes sorpresas. Fiel a su propósito de homenajear el género del telefilme, Winterbottom ha adornado su película con flashbacks ñoños de efecto edulcorante. Si hay que destacar algo que merezca la pena, yo sólo me quedaría con el crudísimo retrato de Karachi, la ciudad donde todo ocurre. Pero ni siquiera en esto hay originalidad: en el fondo, el director ha filmado los escenarios con los mismos trucos que usó para filmar el Londres de Wonderland o el Shangay de Código 46. Efectivo, pero ya visto.

6 comentarios:

á.matía, aburrido por el bodrio dijo...

Además, es muy difícil mantener el interés del espectador en una película que ya sabes cuál es el final


Un saludo

nán dijo...

Todo está visto desde los griegos. Pero basta una nueva perspectiva, un cambio en la luz o en el tono de las palabras, para resituarnos ante la vida. ¿No?

Por ejemplo, vengo ahora mismo de La Abadía, de un concierto de gamelán hecho por unos músicos holandeses muy sesudos que en lugar de tocar a Mozart se han dedicado al estudio de esa música tradicional javanesa. Todas las piezas compuestas por occidentales actuales. Todo tan distinto... pero había algo conocido.

(Esta salida es mi única aportación activa a la horterada de nuevos ricos de La Noche en Blanco).

d. dijo...

A ver, Rfa.: Yo a Winterbottom le tengo mucho apego, y me parece que por lo que ha dado ya, merece un voto de confianza. Todavía no he visto la película, pero de primeras creo que hay que andarse con cautela.
En cuanto al título de la peli, es el mismo de la novela. La discusión se queda ahí. Fue Mariane Pearl la que quiso llamar así a su historia.
Y en segundo lugar, en cuanto a la telefilmidad de "Un corazón invencible". ¿Acaso sorprende que una peli política parezca un telefilme? Los de Ken Loach también lo son.
¿Acaso sorprende que en su relectura (y a veces reinvención) de los géneros el director pase por el film dirigido a la televisión? Ya lo hizo con el western, con el cine social, con la meta-adaptación wellesiana de clásicos literarios, con el drama urbano, el documental político, el cine erótico...
Mucho de todo esto se puede ver el próximo fin de semana en el Círculo de Bellas Artes. Buena ocasión para hacer relecturas de la obra de uno de los directores europeos que mejor saben mirar más allá de sus narices.
Mirando, también, al "establishment", cosa que hizo metiendo a Mila Jovovich en "El perdón" o aquí a la Sra. Jollie.
Respect para Revolution Films.

June Fernández dijo...

¿Por qué os empeñáis en sacar pegas a películas que tenía ganas de ver? Me pasó lo mismo con Caótica Ana, que al final, por cierto, no he llegado a ver.

El título hortera a más no poder. Yo me fijé en el cartel (voy a decir una gran frivolidad) por los pelos de la Jolie, que me hicieron pensar que igual hasta se salía del papel de sex-bomb. Si llevara el pelo normal hubiera dado por hecho que era una peli romántica con contenido sexual para su lucimiento.

Y me ha recordado a una película que sí que he visto: Amar peligrosamente. Otro título hortera que suena a pasión desenfrenada, a Instinto Básico pero en bodrio y sin Sharon Stone. De Amar Peligrosamente me gustó la primera mitad, por la crítica a los niños ricos "solidarios" que se limitan a soltar pasta y organizar cenas benéficas. Y por un dilema que plantea: ante la falta de fondos, comerciar con armas es inmoral y perpetúa el conflicto, y no hacerlo es no echar mano de una fuente de dinero que puede salvar muchas vidas.

Pero luego se jodió por lo mismo que percibo en Un corazón invencible. Lo que le mueve en ambas a la Jolie no es el rebelarse contra las injusticias, la guerra, la muerte, los niños desnutridos y demás. Le mueve un hombre, el amor romántico. Un hombre al que además le mueven más las buenas causas que el amor romántico.

Es decir (y perdonad que me alargue un poco): ¿es que no hay mujeres que han hecho cosas valientes, que se hayan mojado, que le hayan echado ovarios sin que lo que actúe como revulsivo sea el príncipe azul? ¿Hay que estar enamorada para ser una heroína? ¿Necesitamos a los hombres hasta para hacer algo altruista? Porque si no se hubiera enamorado, la Jolie (en Amar Peligrosamente) se pasaría la vida tocando el piano y bailando "Should I stay or should I go" en galas pijas. Me parece machista.

Rfa. dijo...

Á. Matía: En realidad, el gran reto está en contar una historia que todo el mundo conoce y hacer que, aun así, el público se enganche. Ése es el mejor cine, porque no utiliza la intriga para mantener la atención del espectador.
Nán: Por supuesto que todo está visto. No sé si desde los griegos, pero sí sé que desde hace mucho tiempo. Pero como no vamos a quedarnos en casa leyendo a Homero... ¡salgamos a tratar de ver las cosas con un poco de optimismo!
d.: Muy bien, eso de que menciones a Ken Loach. Igual que Winterbottom en esta película, él se mueve a caballo entre el telefilme y la política. A mí, personalmente, hace tiempo que sus películas me parecen casi siempre iguales. La parte de telefilme se me antoja un pelín escabrosa, y la parte de política un pelín unidimensional. Pero vamos, que su crudeza y su capacidad de análisis y retrato le dan mil vueltas a Un corazón invencible. Por otro lado, te confieso que el género de la "telefilmidad", como tú dices, sólo me parece reivindicable en clave kitch.
June Fernández: Inesperado, tu enfoque de este asunto. Y muy interesante. Pero bueno, en el fondo lo que tú dices es lo mismo que yo digo: que esta película no cuenta ninguna historia extrapolable, que no es política sino telerrealidad. Es la historia de una tía que se queda sin marido, y punto. Otro día discutimos de retratos de mujeres en el cine.

Juniper Girl dijo...

Lastima que sea asi... no he visto wonderland pero codigo 46 me gusto mucho a pesar de que era muy imperfecta.

Saludos.