martes, 31 de octubre de 2006

Mesas flotantes

Hoy me han contado una cosa que me ha puesto los pelos de punta. Parece ser, que la última moda impuesta por alguna gran empresa, consiste en rotación del puesto de trabajo. No me refiero a promociones, ascensos y demás, sino a rotación del puesto físico: el que llegue primero escoge sitio y mesa, y el último SE coloca donde pueda. ¿Y si no hay sitios libres?, ¿SE comparte mesa? Desconozco si el trabajador tiene acceso al ordenador de esa mesa o si cada uno tiene su portátil, pero en todo caso no me parece una idea muy atractiva. ¿Será otra artimaña de las empresas para que nos peleemos por ser los primero en empezar a trabajar? A lo mejor es para fomentar las relaciones personales entre compañeros...

Sea lo que sea no me hace mucha ilusión que esta idea se ponga muy de moda...

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lunes, 30 de octubre de 2006

Cine español en mitte.

El otro día charlaba con Alis sobre el cine español y nos daba miedo reconocer que ya no se hacen películas interesantes en este país. Hace diez años había un Juanma Bajo Ulloa, un Alex de la Iglesia, un Medem o una Cuadrilla que daban sal y pimienta a la cartelera patria. Ahora, en apariencia, ni siquiera tenemos eso. Pero… ¿es sólo en apariencia? La pregunta, por supuesto, no tiene respuesta: será cuestión de gustos. Para estimular el gusto, sin embargo, en Mitte

hemos comenzado una serie sobre cine español reciente. De vez en cuando rescataremos algún título que, bajo nuestro punto de vista, haya soportado bien el paso del tiempo y se haya convertido en un pequeño clásico. Os invito a que hagáis memoria con nosotros.

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Despechadas.com

“¿Quién me va a impedir a mí decir al mundo lo que tú me has hecho?” Esta podía haber sido la pregunta a partir de la cual surgió esta idea de dontdatehimgirl, pero en realidad fue la mezcla de estos ingredientes: amigas, café, ex-novios, abogada y Estados Unidos. Sí, la idea la tuvo una abogada de Estados Unidos tomando un café con unas amigas charlando sobre las putada de los exs (¡qué peligro!). Los hombres de mujeres despechas estadounidenses ya están temblando y los juzgados llenos, pero los españoles tiene motivos para no relajarse porque ¡la página llega a España! La fecha de puesta en marcha es el 15 de noviembre. ¿Qué pasará? Nada chicos, id tirando de la agenda y pidiendo perdón a vuestras damas despechadas, que a la que os descuidéis os señalan en la disco con “ese es el que dejó a fulanita y encima se fue con otra más joven, ¡ni te acerques!”.

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Pequeña Miss Sunshine.

Siempre me he preguntado por qué en los festivales de cine hay un Premio del Público. No estoy muy informado de cómo funcionan estas cosas, pero a mí sólo se me ocurre una explicación: desde el principio se asume que el jurado y la gente normal tienen gustos diferentes. Hoy, sin ir más lejos, leía en El País la crónica de la Seminci y me encontraba con la siguiente afirmación: “el premio del Público fue, con toda lógica, para el filme francés Days of glory”. ¿Qué significa “con toda lógica”? ¿Cuál es esa lógica? ¿Hemos de suponer que el comportamiento del público de un festival es siempre previsible? Y si lo es: ¿hacia dónde se decanta? Para salir de dudas he ido a ver Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valier Faris, 2006), ganadora del Premio del Público del Festival de San Sebastián.

En esencia, la película no ofrece nada nuevo: road movie acerca de una familia disfuncional que atraviesa California para que la hija pequeña participe en un concurso de belleza. No hace falta haber visto mucho cine para hacer conjeturas sobre lo que viene después. Si os ponéis a pensar durante, digamos, dos minutos, estoy seguro de que adivinaréis el resto. ¿Por qué, entonces, el público de San Sebastián votó Pequeña Miss Sunshine como la mejor película?

La primera explicación que se me ocurre es que la cinta pone a caer de un burro a la sociedad gringa. Si hay algo con lo que disfrutan los cinéfilos de este país es riéndose de los Estados Unidos. Debe de ser algún tipo de complejo de inferioridad, la revancha íntima del listo, que tiene cerebro en lugar de músculos. Por fortuna, los directores Jonathan Dayton y Valier Faris son bastante sutiles respecto a esto. Al fin y al cabo estamos hablando de dos de los mejores realizadores de publicidad de hoy en día: si ellos no saben cómo funciona la gente por dentro, entonces nadie lo sabe. Sus americanos, aunque ridículos, son algo más que caricaturas.

Otra explicación posible es el viejo tópico de la incorrección política. Nunca falla: en cuanto alguno de los personajes de una película rompe con los típicos tabúes de hollywood, el público de los festivales se derrite en la butaca. El único riesgo está en la trascendencia que se le quiera dar a este esperpento. Si se pretende usar a un friki para trazar el gran retrato de la sociedad contemporánea, como hace Todd Solondz, la cosa queda en chabacana. Menos mal que en Pequeña Miss Sunshine los locos son los buenos y funcionan como una mera gamberrada, que si no, ni siquiera me habría tomado la molestia de escribir.

Mi última hipótesis tiene que ver con el humor. En un festival, la risa es patrimonio exclusivo de los espectadores. Hablar de las carcajadas del jurado sería entrar directamente en el oxímoron, en lo imposible, en lo inconcebible. La comedia siempre será un género menor y popular. Por eso resulta comprensible que Little Miss Sunshine ganase el Premio del Público y no la Concha de Oro: porque produce mucha risa.

Al final, entonces, ¿a qué conclusión llegamos? Muy sencillo: el Premio del Público es siempre para una película que se disfruta sin tener que explicarla. Es el gran homenaje de todo festival al motor básico del cine: la emoción pura y dura. Cualquier cinéfilo, por muy culto y sabio que sea, conserva en su corazoncito un resorte que se activa de la manera más simple. Habrá quien se emocione burlándose de los gringos, quien se lo pase bomba con el escándalo y quien busque sólo un poco de risa sana. No importa. Lo único importante es que a veces necesitamos ir al cine sólo para sacar nuestro lado más simple. Y para casos como ésos, Little Miss Sunshine funciona a la perfección.

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viernes, 27 de octubre de 2006

"Too Much Love": negación, ira, negociación, depresión (y aceptación)

Va a ser difícil recibir en lo que queda de año un mazazo emocional del calibre del “Too Much Love” de Harlan T. Bobo. Clasificado por casi toda la crítica bajo la difusa categoría de “discos de divorcio”, “Too much love” es mucho más que eso: en tan sólo 31 minutos describe de forma brillante y desoladora todas las etapas del duelo posterior a la ruptura de una relación. Un disco que, según su autor, trata sobre “lo mejor y lo peor de amar a Yvonne Bobo”, la mujer con la que compartió 6 años y cuyo divorcio inspiró un disco que es, sin duda, un clásico desde ya.

(Negación)El disco arranca tranquilo, con una guitarra española acompañando la voz rota de “It’s only love”, quizás una justificación ante la falta de lógica de algunas decisiones tomadas bajo los efectos del dolor o quizás un simple mecanismo de defensa ante la tormenta que se avecina. La segunda, “Left your door unlocked”, se mueve musicalmente en unas coordenadas similares a las de la también excelente “Far far away” de Wilco, y narra una historia que, de puro patética, resulta desarmante: la de un hombre que se cuela en casa de su ex-novia aprovechando que ella “está por ahí con él sólo para “encontrar algunas pequeñas pruebas de que todavía piensas en mí” y para que “cuando llegues a casa y me encuentres durmiendo/ te des cuenta de cuánto me importas todavía”. “Stop”, con su sencillo riff de inspiración fifties y un estilo cercano al spoken word, es un muestrario de culpas propias y ajenas, de deseos y reproches con frases de sinceridad hiriente como “siento que tus sueños y esperanzas no funcionaran como tú planeaste/ puedo aceptar toda la culpa por eso/ pero creo sinceramente que lo que tuvimos fue algo precioso…”. Pornografía emocional de muchos quilates, no hay forma de explicar mejor el dolor con palabras más sencillas.

(Ira)El bloque central es el más movido del lote, y muestra a un hombre airado tras darse de narices con la derrota. Odio al hecho de que el resto del mundo siga enamorándose (“Too much love”: ¿Dominique A?), odio a todos los hombres que, de una forma u otra, le sustituirán (“Mr. Last Week”), odio a tener miedo a estar solo. Un bloque estimable pero…

(Negociación, depresión)… es que el final del disco es casi perfecto. Tres rodajas de country-soul a corazón abierto que comienzan con una enumeración de actos cotidianos absolutamente vacíos por culpa de la ausencia (“When you’re coming home”), un demoledor recuerdo de ese último beso que nunca avisa de su condición (“After this night”) y, para acabar y derretirse definitivamente, “Bottle and hotel”, una canción que, según cuenta su autor, salvó un matrimonio (desafortunadamente para él, no el suyo), y no me extraña. Una súplica de una fragilidad y una tristeza infinita para terminar con el que, como diría N.V., probablemente será “el polvo más triste del mundo”.

Oyendo este disco, no puedo evitar acordarme de una de mis frases favoritas del Dr. Wilson: “Parecer miserable no te convierte en alguien más interesante, simplemente te hace parecer miserable”. Y no puedo estar menos de acuerdo. Sólo para melancólicos patológicos. 9

Enlace: MySpace de Harlan T. Bobo

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jueves, 26 de octubre de 2006

Un café con sol

Estaba yo empezando a redactar una entrada sobre el último y no el mejor candidato socialista a las elecciones municipales de Madrid hoy que tenía un rato libre, pero como no hay mucho que decir, pues me temo muy mucho que Gallardón volverá a ganar por goleada, cuando vi lucir el sol a través de un recoveco de una ventana que alcanzo a ver desde mi puesto de trabajo y entonces me decanté por salir a la calle, darme un pequeño baño de sol y tomarme un café. Ya en el garito en cuestión, me entretuve un rato mareando a la solícita camarera acerca de los diferentes desayunos ofertados, así como sus precios cuando, tratando de esquivar la gula que me pedía incesantemente una barrita con tomate y aceite, recordé que hoy tenía mi cita semanal con JA y nuestro festín gastronómico a base de un contundente menú del día. Así que me contuve y me contenté con un café con leche en taza, harto ya como estoy de los insulsos e insípidos cafés de máquina a los que me acostumbré, acompañado de un par de cigarrillos fumados con gran deleite y sin prisa, mientras pensaba en lo bien que me encontraba, en el luminoso día que prometía ser, o en su defecto, en la venidera desaparición de las tan necesitadas lluvias para los próximos días. Y me encontraba extrañamente tranquilo y feliz. Supongo que me ayudaba pensar que mañana no trabajaré y que tendré el viernes para preparar e iniciar una nueva etapa en mi vida.

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miércoles, 25 de octubre de 2006

Premios Ondas 2006.

No hay nada como juntarse de vez en cuando con los amiguetes, comerse unos canapés, beberse unos gin-tonics y darse unas palmaditas en la espalda en plan exaltación de la amistad. En Radio Barcelona lo saben bien, y por eso cada año dedican un merecido homenaje a los colegas en forma de premios, en un ejercicio de endogamia ligera conocido como “Premios Ondas” y que va ya por su quincuagesimotercera edición.

Sólo hay que ver la lista de premiados para darse cuenta de la magnitud del acontecimiento. Premios en radio para Pablo Motos (que, casualmente, tiene un programa en Cuatro), en televisión para Buenafuente (que, casualmente, colabora en el programa de Carles Francino) y un listado de premiados en el apartado musical que valora de forma especial el riesgo y se muestra totalmente atento a las últimas tendencias, constituyendo un referente para todo melómano que pretenda denominarse a sí mismo como tal. Este año, por su contribución al hacer avanzar unos pasitos el noble arte de la música, se reconoce la estimable labor de Ana Torroja que, en un acto de valentía e imaginación sin parangón y sin ninguna concesión a la nostalgia ha decidido hurgar en su baúl de los recuerdos y remozar todos los clásicos de su grupo nodriza para hacerlos accesibles a esas nuevas generaciones que, desgraciadamente, no pudieron vivir in situ la época dorada del grupo más grande que ha dado jamás este país; el rigor artístico de David Bisbal, cuyo disco “Premonición” presenta la gran innovación de que se ha puesto un sombrero; y la gran labor de difusión del “nuevo cansautorismo flamenquillo” del insigne David DeMaría, cuyo disco “Caminos de Ida y Vuelta” ha conquistado los corazones de madres e hijas a lo largo de su extenso recorrido (se publicó el 3 de octubre). Y, last but not least, el incombustible Miguel Rios, el Bob Dylan patrio, un hombre que a lo largo de los últimos 30 años no ha dejado de estar de actualidad, y cuyos nuevos discos provocan una gran algarabía entre público y crítica. Sin duda, el premio más merecido. Enhorabuena a todos los premiados.

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