jueves, 6 de septiembre de 2007

Edimburgo

Siguiendo nuestra ruta de viaje, desde Glasgow nos fuimos a Edimburgo. Si vas solo o en pareja, lo opción más económica es el autobús, pero si vas en grupo de al menos cuatro personas, lo más barato (4,65 libras), rápido (cincuenta minutos) y cómodo (vagones modernos con mesita central) es irte en tren. Lo puedes pillar en la Queen Street Station de Glasgow y te plantas en plena ciudad de Edimburgo. Píllate un taxi, que por algo más de tres libras te deja donde le digas, deja la maletas y disfruta de la ciudad, no tiene desperdicio.

¿Como definirte una ciudad con tanta historia? Imponente... si la lluvia te deja, no dejes de caminar, de ver cada rincón, porque lo mejor de Edimburgo, a parte del castillo, son las closed: pequeñas callecillas o callejones que parten de la Royal Mile (la calle principal) y que te llevan al interior de la ciudad, a pequeños vecindarios donde se alzan esos edificios alargados con ventanas en colmena. Allí se esconden tiendecillas, y algún refugio donde tomarte una pinta, la escapada perfecta al tumulto de la Royal Mile.

Y es que Edimburgo en agosto se encuentra invadida por el Fringe, el Festival de Edimburgo. Y punto neurálgico del Fringe es la Royal Mile, recórretela entera y entra en la Fringe Shop y cógete un la edición gratuita del programa (auténtica biblia donde las haya), es el primer paso para organizarte una semana fringe, pero no te olvides de tener a mano las guías semanales que se editan, ya que si no te puedes perder en el más absoluto de los caos. Ya puedes elegir espectáculo: comedy, dance & physical theatre, events, music, musicals & opera y theatre. Algo caros en su mayoría, pero no te preocupes, tus expectativas se verán satisfechas en la propia calle y sin gastarte un duro, porque todos los espectáculos realizan su presentación allí, de tal forma que cada dos metros hay gente chillando, cantando, bailando, recitando, haciendo malabares... Como entrante: la cavalgata. Si puedes y estás el primer domingo del festival tienes que ir a los Meadows (la foto es de allí) porque allí se representan al aire libre y en carpas, totalmente gratuito, todo tipo de representaciones. Los Meadows son básicamente explanadas de hierba fresca enorme e imponentes, sin ningún mérito por otra parte porque allí la hierba crece hasta en las ruedas de los coches.

Cuando te hartes de tanta creatividad, pásate por el Spiegel Garden y tómate una pinta de Best (o un buen whisky, a elección) y sentado en una terracita escucha música sin ninguna pretensión, pica algo de comer y conversa con tus colegas. Al Spiegel Garden también se puede ir por la noche, pero solo si hace medio buen tiempo, porque si no las carpas de llenan hasta arriba, aunque si consigues hacerte un hueco puedes bailar sin parar buena música.

Por el día, enfrente de la estatua del perro Bobby hay un pub que lleva su nombre. Sientate ha salido algún rayo de sol en su terracita, te dejan hasta que te comas allí lo que te has pillado en el take away de un poco más arriba. Nosotros nos tomamos una sopa thailandesa estupenda y unos sandwiches de queso y cebolla riquísimos.

4 comentarios:

n. dijo...

Una ciudad increible, menuda impresión que te da al bajarte en Waverley Station y entrar de repente en una ciudad de cuento. Como peros, sólo diré que el Fringe me parece excesivo, y es que tienes que estar muy enterado para acertar con un espectáctulo entre los 2000 que se celebran simultáneamente (la gente del lugar empieza a ir después de haber leído unas cuantas críticas). Y je, je, qué buenos recuerdos del Spiegel Garden, bailando clasicazos del rock de todos los tiempos e hinchándonos a pintas de Best, la mejor cerveza de Escocia. Habrá que volver a hacer "nuestro primer viaje a Escocia" ;)

Hans dijo...

... y, a tal efecto, o al menos para no perder memoria, me permito recomendar (a ver si esta vez consigo que se publique el comment, que ya van tres que no salen a la luz) las novelas de Ian Rankin, una de cuyas protagonistas es la propia ciudad.

Walter Kung Fu dijo...

Suena jamón, jamón.

Rfa. dijo...

Creo que ya lo he apuntado alguna vez, pero como internet no tiene memoria, lo repito: las ciudades que más me gustan son ésas en las que mejor te lo pasas comiendo. Ojo, que no estoy hablando de ciudades con súper restaurantes. Más bien de eso que tú cuentas, Magapola: sopa tailandesa con sándwiches de queso y cebolla en un bar donde ni siquiera has pagado por comer. La envidia me corroe.