
[Obviamente, SPOILERS a cascoporro]
6 años han pasado, 6, desde que el ojo de un lozano Jack Shephard se abriera en medio de un bosque de bambú, dando comienzo a la serie que habría de cambiar el modo de disfrutar la televisión. Y 6 años después ese mismo ojo se cerró, enrojeciendo los ojos propios de miles de fans, despertando las iras de otros tantos, creando vacíos vitales y generando una ola de admiración e indignación que ha inundado tanto webs especializadas como medios generalistas de un modo que ningún otro fenómeno había conseguido hasta ahora. Y ése será el legado de “Lost”: una nueva forma de vivir la televisión como una experiencia colectiva, participativa y simultánea. Social, en definitiva. Y ya. Porque es posible que, cuando los foros se apaguen y el tiempo nos dé un poco de perspectiva, nos demos cuenta de que no ha sido para tanto, y vista en soledad y fuera de contexto al fin caigamos en la gran cantidad de incongruencias, licencias y trampas que nos han colado alegremente durante estos años. Al menos podremos sentirnos afortunados de haberla vivido en su momento, de haberla discutido y comentado, de haberla sufrido y gozado. Y como despedida a una serie que, en definitiva, tanto hemos disfrutado gracias a y con otra tanta gente, ahí van algunas impresiones sobre las frases que más se han repetido estos últimos dos días en múltiples páginas y foros.
“Ha sido un final emotivo”. Pues no. Ha sido un final ñoño y con un tufillo religioso más propio de “Sobrenatural” (¡oh! Mark Pellegrino) o de “Entre fantasmas” que de una serie llamada a marcar una época. Los últimos 120 minutos sólo sirvieron para dar un cierre adecuado a la peor temporada de la serie, que no a la serie. De repente, las temporadas 2 a 5 se convirtieron en humo, y los tan manidos flashsideways se revelaron como uno de los recursos narrativos más chuscos que podremos recordar. Lo que antes fue sutileza se convirtió en vulgaridad, e incluso pequeños detalles como el de la vidriera con los símbolos de todas las religiones resultaban insultantes por su obviedad. That’s not what I signed for.
“Es como el final de los Serrano”. ¿De verdad lo has entendido?
“Lost es una serie de personajes”. Pues tampoco. “Six feet under” era una serie de personajes. “Lost” es una serie de personajes en una isla en la que pasan cosas inexplicables y fantásticas. Es tan de personajes que en las dos últimas temporadas John Locke ni siquiera era John Locke, que Jack ha oscilado tantas veces entre ciencia y fe como Kate entre Jack y Sawyer o Benjamin Linus entre pringado y malérrimo. Tan de personajes que no es difícil encontrar a gente que piensa que los flashbacks ya se habían agotado como recurso en la primera temporada, y que a partir de entonces lo que importaba era lo que pasaba EN la escotilla, en la isla o en la iniciativa Dharma. Y esto último nos lo han birlado. Así que no.
“Yo no necesito que me den respuestas, prefiero que dejen cosas a la imaginación”. Pues sí y no. En realidad, para dar las explicaciones que han dado mejor no haber dicho nada. Todos los temores que podíamos albergar tras ver “The incident” se confirmaron y multiplicaron en esta temporada infame, y es que en el momento en que juegas la baza de los dioses o demiurgos te arriesgas a caer en el mismo nivel de credibilidad que “Buffy Cazavampiros” (aunque ésta fuera mucho más divertida al no tomarse tanto en serio a sí misma). En mi opinión el salto del tiburón de “Lost” se produjo cuando Eloise Hawkins les dijo a los Oceanic Six que tenían que volver todos juntos a la isla, recreando de la forma más exacta posible las circunstancias del vuelo original. Ahí se desvaneció toda esperanza de una posible explicación científica, y aceptamos el pulpo de la mitología. Pero tantos “porque eres especial” o “porque Jacob lo dice” acaban irritando más que un “eso nunca lo sabremos”. Por no hablar del desagüe gigante (WTF?). O del faro. O del capítulo cómico con Ricardus. O…
“No han explicado lo de los osos polares”. ¿Realmente a alguien le importa a estas alturas?
“Me siento vacío”. Búscate una vida.
“Lo que importa no es el destino, sino el recorrido”. Pues sí y no. A pesar de lo decepcionante del final (¿le recomendaríais a un amigo que empleara 100 horas de su vida para ver este final…?) no se nos puede olvidar que “Lost” nos ha regalado algunos de los momentos más emocionantes, emotivos y brillantes que hemos podido ver por televisión. Capítulos como el piloto, “The constant” o “Through the looking glass” o personajes como Desmond o John Locke ya forman parte de nuestra memoria colectiva y sentimental, y eso ya nos lo quita nadie. Ni siquiera este final. Es injusto olvidar un amor simplemente porque ha acabado mal. Así que gracias de todas formas.
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