sábado, 15 de mayo de 2010

Desde las ventanas

Amigos malagueños, y toda persona viajera que se acerque por aquella tierra, os animo a asomaros a una ventana, mejor dicho, a la ventana de las ventanas, pues se trata de la exposición Desde las ventanas, que comienza hoy hasta mediados de junio con fotografías de Sandra Lara, Isabel Sierra, Julie Delabarre y Cristina Mejía, y cine y literatura de Agustín Sierra y Cristina Consuegra, que nos muestran su percepción sobre este maravilloso invento que tanta luz nos aporta pero, sobre todo, nos proporciona intimidad a la vez que nos descubre, indiscretamente, la de otros.

¿Qué anécdotas tenéis con ventanas? Bueno, yo tengo unas cuantas, pero contaré una ajena, aquella que un amigo me contó que cuando iba a su pueblo comían siempre con las persianas de las ventanas bajadas, ¿sabéis para qué? ¡Para que el resto del pueblo no conociera lo que comían en su casa! Muy fuerte lo de la España profunda.

7 comentarios:

NáN dijo...

Cuando dices "amigos y malagueños", tan diferenciadamente, ¿estás llamando enemigos a los malagueños?

A mí me la refanfinfla, pero mi abuelo tiene allí una calle con su nombre.

dintel dijo...

Me encantaría la exposición. El tema me apasiona.

NáN dijo...

Hay un blog, http://despuesdeana.blogspot.com/, que trata sobre todo de ventanas, aunque al final todo cabe en ellas. Es extraordinario y os recomiendo una visita.

June Fernández dijo...

Mi anécdota: en el primer año viviendo sola, con 18 años, en un piso compartido. Era una casa antigua en un barrio señorial y casposo de Bilbao. La ventana del salón daba a una de las principales avenidas de la ciudad. La ventana en cuestión era de estas viejas que se levantan a pulso y se sostienen sobre unos topes metálicos. Una buena noche, la ventana se atascó y al intentar desatascarla se cayó de golpe, rompiéndose estrepitósamente. Los cristales, lógicamente, fueron a caer a la avenida. El incidente causó cierto revuelo entre las señoronas que salían de la degustación de debajo. Llamaron a la policía para avisar no sólo de lo de la ventana sino para advertir de paso que la nuestra era una casa de citas. Lo sabían porque "entraban y salían muchos hombres" (ya nos gustaría...) y porque veían que usábamos ropa interior negra y hasta ¡roja!A todo esto, después de la visita de la Ertzaintza caímos en la cuenta de que no habíamos escondido cierto bote enorme de cristal lleno de cierta hierbita que estaba bien visible en la estantería de la tele.

En fin, no es una gran anécdota pero me ha hecho ilu tener alguna que contar sobre ventanas.

Anónimo dijo...

Fé de ratas:

Donde escribí "Intereconomía", me quería referir a "Interrectonomía". Espero que el primer y sensato medio, cuyo nombre escribí por error, no me lo tenga en cuenta.

Vuestro medio alterativo favorito.

Ano Nimosidad

Magapola dijo...

Me ha gustado mucho tu anécdota, June, que además casa muy bien con el vídeo de las vecinas, jajajá. La verdad es que un mal vecino te puede arruinar la casa de tus sueños...

NáN dijo...

Joé que no es una gran anécdota. Ese frasco te podría haber traído consecuencias muy feas. No estoy seguro de que fuera un "error". Os cuento una mía, lo que consideré un bendito "error" y con el tiempo dejó de parecérmelo.

Unos amigos habíamos alquilado una casa en un barrio. Una tarde, se presentó la político social con unos grises. La casa estaba limpia savo un mueblecito del salón repleto de manifiestos de la huelga de Bandas. Casi mil ejemplares, equivalentes a una condena de 12 años. El comisario, un hombre bajito, se sentó de un salto sobre el mueble mientras sus hombres peinaban la casa. No encontraton nada, se bajó del mueble y se marcharon.

¡Divina suerte!, pensamos.

Años después, cuando él ya estaba jubilado, me senté en un taburete de una cafetería y resultó que estaba al lado. Me preguntó si me podía invitar un café y charlamos de los viejos tiempos; como dos historiadores descreídos intercambiando notas. Me acuerdo que me dijo que habíamos vivido tiempos difíciles y que él había cumplido su trabajo... algunas veces procurando no "ver", cuando eso era posible.

Cambió mi diagnóstico de la "suerte".