Yo ya no leo los periódicos, ni en papel ni digital. Para estar actualizada ahora todos los miércoles, o sea, tales días como hoy, voy al quiosko a comprar... El Jueves. Sí señores, ahora me estoy enterando de verdad de lo que pasa en el mundo mundano y en las altas esferas gracias a esta revista de dibujitos y de situaciones irrisorias. El Jueves es el único que me ha dado la solución a esta fastidiosa crisis y las venideras.

Y es que gracias a El Jueves me he enterado de que los políticos, los nuestros y los de todo el mundo, no quieren que seamos islandeses. ¿Por qué? Pues por la viñeta de Berardo Vergara titulada "¡Queremos ser islandeses!", que me informó, sí, informó, de lo siguiente. Que cuando los islandeses se vieron sumidos en la crisis económica sus gentes se echaron a la calle a protestar consiguiendo que su gobierno dimitiera en pleno. Y cuando su parlamento quiso de nuevo engañarles al querer aprobar una ley por la que los ciudadanos serían los que asumieran la deuda bancaria, volvieron a echarse a la calle a pedir un referéndum a esta ley. Votaron el referéndum y salió un NO como sólo los islandeses son capaces de decirlo. Provistos de un espíritu justiciero que a unos españoles en pleno siglo XXI aún nos sigue asombrando, se inicia un proceso para llevar ante la justicia a los verdaderos culpables de la crisis. Aquí hago un inciso porque en este momento Vergara saca a Rajoy diciendo que para qué si ha sido ZP y que refleja cómo somos aquí de simples, siendo la pura verdad ese comentario en boca de Rajoy, y no el resultado del ingenio humorístico de Vergara. En fin, continúo. El procemiento contra los banqueros, que no se demoró cinco años como tan bien estamos acostumbrados en este nuestro país que no es Islandia, consiguió que banqueros y ejecutivos financieros pisaran el trullo. Y cuando ya todo esto nos supera a los que vivimos en esta piel de toro llena de sol, los islandeses van y constituyen una asamblea formada por ciudadanos no adscritos a ningún partido político que se ha encargado de modificar la Constitución para que la crisis no pueda volver a suceder. Y todo esto en menos de tres años (2008-2010).
Me quedé helada cuando lo leí y no podía dejar de decirme "¿esto es broma, no?". Y ahora no quepo en mí después de redactaros esta historia. Cada vez que vuelvo a ella me sorprendo todavía más, sobre todo viendo a nuestros parlamentarios hablar en la cámara.
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