
Ana Pastor está hoy en boca de todos. Esta mañana, tempranito, nos regaló una entrevista a Ahmadineyad. Pero no se trató de una entrevista cualquiera, sino de una de verdad, donde se hablan de temas espinosos como la solución al conflicto libio, la falta de libertades en Irán y un largo etcétera; una entrevista en la que el periodista no se conforma con cualquier constestación que trate de eludir la pregunta como tan bien nos están acostumbrando los políticos y los seudodebates. Para saber de qué hablaron, el tono, las miradas, los gestos, todo, que no tiene desperdicio, lo podéis ver en este vídeo, si no lo habéis hecho ya.
Pero antes os quiero contar dos cosas que me llamaron la atención:
1. El traductor: yo no sé si es una percepción mía pero la tensión de la entrevista también le afectó a él y cada vez iba subiendo la efusividad de los comentarios, como si fueran suyas las respuestas, acabando al final alterado y casi sin poder simultanear la traducción.
2.La caída progresiva del pañuelo: esto es lo más comentado en la red y yo le quiero dar una lectura matafórica. Cuando Ana Pastor apareció en ese salón palaciego de Teheran, con el pañuelo puesto, me dio la sensación de que era ella, la periodista, la que se iba a amoldar al entrevistado. Pero conforme se iba desarrollando la entrevista todos notábamos cómo la que estaba agarrando con más fuerza el mango era ella, quedando él en evidencia ante sus intentos de esquivar los temas peliagudos y echando balones fuera.
Ahora sí, y esto lo confirmaron los contertulios del programa Los Desayunos de TVE, de todo lo que dijo el presidente iraní, lo que es cierto es que los que han armado a las dictaduras árabes contra las que ahora se rebelan sus pueblos, en especial Libia, son Europa y EE.UU., y ahora ni siquiera saben qué hacer, como niños.
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