
El gurú español del cómic, Álvaro Pons, nos lanza una pregunta en su entrada Novela gráfica, segundo intento, copiando la de Federico Reggiani: si la novela gráfica no es tebeo ¿es porque es diferente o porque la novela gráfica ha saltado la valla de la segregación humillante de leer un tebeo? Buena pregunta que más de una vez nos hemos hecho los sindrogámicos. Su conclusión la comparto:
Yo seguiré leyendo tebeos, que es lo que he leído siempre, lo que leo hoy y lo que leeré mañana. Pero si tengo que llamarlos novelas gráficas, libros dibujados o fabadas gráficas para que tengan este momento de ebullición creativa y comercial, sin problemas.
Aunque, claro, no cierra el debate, sino que más bien se libra de debatir. Con otra conclusión también me quedo, esta vez del citado Federico Rggiani:
“Forma de libro, certificado de obediencia”, escribió Fogwill (última vez que lo cito por hoy) en la contratapa de Música Japonesa. Y en esa frase se resume, me parece, buena parte de los problemas que la etiqueta “novela gráfica” viene a traer al otrora calmo mundo de los historietistas. Por el certificado tanto como por la obediencia.
Y justo cuando creía, por ahora, cerrada la polémica, Álvaro Pons la reabre:
Atentos a cómo arrasa la nueva entrega de Blacksad que acaba de salir a la venta en Francia: Número 1 de ventas en la FNAC en la sección de libros (Libros, sí, ni álbumes, ni novelas gráficas, ni cómics, ni BD, ni nada: libros).
Leer Más