Primos, amigos, compañeros... ¡que me lío!
Esta mañana, mirando por la ventada del autobús el Paseo de Recoletos, sin nada que hacer, he estado pensando. Decidme si no tiene lógica lo que voy a contaros. Cuando eres niño, te rodeas de tus primos, casi no tienes amigos propios y el patio del recreo no es un sitio muy adecuado para besar a nadie, porque serías la comidilla de la clase; por lo tanto, si se te ocurre querer darle un beso a alguien, ya sabes quién va a estar delante: el primo del pueblo, por la noche, de vuelta del cementerio. Cuando crecemos un poco más, toda la adolescencia y post adolescencia (la edad depende de lo que cada uno decida alargarla), es cuando tus relaciones amorosas empiezan a cuajarse en el círculo de tus amigos y empiezan los líos, los cabreos, los chimes, el me ha dicho, el me he enterado, colgada toda la tarde del teléfono. Luego te pones a trabajar como una mula, por lo que apenas tienes tiempo para tus amigos y las cañas te las empiezas a tomar en el bar de enfrente de tu empresa, con los amigos del curro, y claro, que si la última, que si de verdad la última, que mira que la del departamento tal no es tan borde como parece… Caes. Y vale, una vez que has probado con el primo del pueblo, con tu amigo y con tu compañero de curro y, aún así, sigues cenando sola, ¿qué haces? La solución: Internet.





