lunes, 26 de octubre de 2009

Sabino, un franquista más

En la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, el alcalde de Berlín comenzó su discurso con la siguiente frase: “Los berlineses no queremos olvidar, queremos recordar”, para pasar a continuación a hablar de que fue en Berlín donde se gestó el nazismo, etc. Su historia, la buena y la mala, la asumen, con orgullo una y con vergüenza otra. En España no ocurre lo mismo. En ese mismo escenario de los premios, el Príncipe de Asturias homenajeó al hoy fallecido Sabino Fernández Campo. Y es que en España no ocurre como en Alemania. Una prueba de ello es la vida del reciente fallecido Sabino: de él sólo se dice lo que hizo después de la muerte de Franco, ensalzando su actuación para impedir el 23-F. ¿Pero qué hizo antes de 1975? Ni siquiera en la Wikipedia se habla de ello. La razón es porque fue un franquista de tomo y lomo. Apenas tenemos unos indicios de ello por lo que pone en su biografía: fue Censor de la Real Academa de Ciencias Morales y Políticas y era Patrono de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).

Yo quiero saber todo lo que hizo este señor, lo bueno y lo malo, y sentir orgullo y/o vergüenza, lo que sea, pero nunca sentirme una ignorante, que es como me hacen sentir los “historiadores” de este país. Pero tal vez ahora somos otros lo que podemos contar la historia.

4 comentarios:

Lordo dijo...

Gracias por el enlace

dintel dijo...

Me ha gustado la idea de ser otros los que cuenten la historia.

Magapola dijo...

Algunos están opinando aquí sobre este post.

Y otros lo copian y pegan aquí.

NáN dijo...

«Cuantas historias se quedarán sin contar en España por falta de curiosidad, por la costumbre de la pereza, por una mezcla muy rara, y muy propia del país, de desgana por la indagación y gusto por el chisme. El chisme, la anécdota, reducen las biografías y los hechos históricos a una sucesión de chascarrillos, casi siempre de cuarta o quinta mano. La incapacidad de contar con sinceridad y desvergüenza la propia vida se corresponde con el poco interés por investigar seriamente las vidas de personajes públicos cuyos destinos privados alumbrarían beneficiosamente la historia del país. Nunca deja de asombrarme la paradoja española o hispánica de la autobiografía. Los anglosajones, que en la distancia corta son muy reservados y hasta herméticos, escriben libros de memorias de una desvergüenza confesional inaudita. Nosotros, en apariencia tan abiertos, somos casi siempre pudibundos en nuestros testimonios personales.»

Muñoz Molina, Babelia de hoy.